De camino al Wakhan Corridor

Me costó unos 12 sprints, gritos, patadas al aire y todos los insultos que existían en la peor esquina de la peor barriada de las afueras de mi lejano Madrid, y aún no conseguía deshacerme de ellos. En muchas ocasiones salían de un matorral y no había cómo huir, en otras les veía venir y por más fuerte que pedalease, siempre me iban a alcanzar. Los perros han sido mis peores enemigos hasta ahora. En Turkmenistán me libré del mordisco de uno por centímetros y por fin en Tajikistán conocí la manera de ahuyentarlos.

Podíamos llevar 4 horas subiendo y nos quedaban otras 5 horas de subida. El Khaburabot son 3200m de image-6altura, así que subirlo no iba a ser coser y cantar. El camino estaba lleno de piedras del tamaño ideal para que la rueda de delante patinara por la lluvia del día anterior y te fueras al suelo sin casi darte cuenta. De pronto, otra vez un perro, ladrando muy fuerte y directo hacia mí; su cara de furia presagiaba otro momento de pavor del cual no iba a ser capaz de salir. Pedaleé un poco más fuerte, pero era inútil con ese peso y cuesta arriba. Ya cerquita le insulté a grito pelado como si de mi peor enemigo se tratara, pero nada le disuadía. Pasé una curva gritando y de repente apareció un niño de unos 10 años que pastoreaba unas ovejas. Nada más oír mis gritos de miedo le entró la risa, levantó la mano como si tuviera una piedra, y el perro que me pisaba los talones se dio media vuelta y bajó monte abajo.

image-9Exhausto y aliviado, pensé en besarle o abrazarle pero claro, mi orgullo estaba a la altura del betún. Aquel chavalillo de monte me había visto totalmente acongojado, gritando a todo lo que daba mi voz y pedaleando con todas mis fuerzas para huir de un perro que con sólo levantar la mano se hubiera ido por otro sitio. Los urbanitas como yo no conocíamos esta técnica y sin duda yo había hecho el ridículo con él, incluso seguía riéndose de mí… Yo me reí también, por empatizar con el joven pastor, pero no porque me hiciera la más mínima gracia la situación que acababa de vivir. El caso es que a día de hoy ya he tenido otros dos encontronazos y la técnica de la piedra ficticia va como la seda, ya podían habérmela enseñado antes. Ahora yo tengo el poder y los perros ya ni me tosen.

Continuamos monte arriba y todo el esfuerzo que estábamos haciendo se olvidaba si conseguíamos mirar en algún momento hacia los lados y ver el paisaje. Era algo alucinante, montañas verdes interminables con riscos altísimos y un río bien caudaloso debajo. Cada vez que nos cansábamos parábamos, mirábamos a los lados y bebíamos un poco de agua helada del río y era como arrancar de nuevo. Sólo de pensar en la suerte que teníamos de estar en ese lugar y ser uno de los pocos que se atreve a subirlo en bici, valía la pena.

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Por fin llegamos a la cima después de 50km de subida y nuestra alegría no pudo ser mayor, lo habíamos conseguido. Habíamos subido la M41 por la vertiente norte, la más dura, pero la más impresionante. Nos abrigamos ya que ahí arriba había hasta nieve, y lo que pensábamos que iba a ser una preciosa bajada, fue la mayor tortura que se puede vivir en una bajada. El camino tenía una pendiente fortísima y seguía lleno de piedras, con lo cual no hubo forma de soltar los frenos en los 30 km de bajada que hicimos. Cada piedra que pisábamos, parecía que se nos iba a partir la bici en dos y teníamos que controlar bien la velocidad porque llovía y todo era muy resbaladizo.

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Al fin llegamos abajo y nuestras bicis daban pena. La Gerarda se había quedado sin pastillas en el freno delantero, la cubierta delantera tenía una pequeña raja, los cambios no hacían ni caso de lo que se les pedía, se me rompió un enganche de la alforja trasera, el manillar llegó casi del revés, cada maneta de image-10freno a una altura distinta, el sillín caído y el premio gordo: el transportín trasero partido. Todas las demás averías eran subsanables porque llevaba repuestos, pero el transportín trasero iba a necesitar de una buena soldadura porque aún me quedan muchos puertos como el Khaburabot. Iba a necesitar a McGyver para salir de este aprieto y aquí McGyvers, en medio de las montañas tajikas, no abundan.

Llegamos a Khorog después de dos días de pedaleo espectacular junto a un río maravilloso de agua helada, el Panj, que separa Tajikistán de Afghanistan. Era una maravilla pedalear al lado de un río así. Contábamos con agua para lavarnos y cocinar, el clima era más fresco y acampar en sus playitas era una experiencia muy superior a dormir en un Shilton, el hotel que tiene todo lo del hotel Sheraton y el hotel Hilton a la vez.

image-12Conseguí llegar con el transportín atado con alambres, la alforja atornillada, los frenos apañados y varias chapuzas más con la esperanza de que en un pueblo de mayor tamaño como Khorog, alguien tuviera máquina de soldar e ideas brillantes para poner a punto a La Gerarda para la siguiente fase: el Wakhan Corridor. Nos instalamos en el Pamir Lodge después de no probar una cama durante 12 días y el ambiente no podía ser mejor. Varios ciclistas de varias nacionalidades venían de recorrer el Pamir o bien iban en nuestra dirección. Yo sólo pensaba en encontrarme con alguien que supiera cómo dejarme bien mi bici.image-7

Bajito y con cara de buena gente, Eneko entró en el Lodge unas horas después de habernos instalado nosotros. Él ya llevaba allí un par de días recuperándose de una fuerte indigestión. Me presenté y, siendo los únicos españoles del lugar, pronto hicimos buenas migas. Le pregunté si sabía de frenos de disco y me dijo que sí, y de repente suspiré aliviado. Aunque hubiera cambiado las pastillas, había algo en mi freno que no iba bien. Eneko fue el hombre que yo necesitaba en el lugar que yo necesitaba. La suerte me guiñó un ojo encontrando a alguien tan buen mecánico y con tan buen corazón. Eneko consiguió arreglarme los pistones de mis pinzas de freno, que estaban atascados, diseñó un refuerzo para mi transportín que nos soldaron al día siguiente, reajustó mi manillar y apañó mis alforjas…

Encima ahora somos tres para recorrer las semanas que nos quedan hasta Kirguizistán, así que no puedo estar más contento de haberle conocido.

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4 thoughts on “De camino al Wakhan Corridor

    Qué pena! Justo salisteis el día que llegamos. Nos lo hemos tomado con más tranquilidad, “pescaíto” aquí, sandía allá… Por suerte nuestras bicis han resistido. Hemos oído que de aquí a la frontera con Kyrguistán la carretera no mejora pero los paisajes sí, por increíble que parezca, así que con ganas!! Saludetes para Marko. Disfrutadlo!!

    Nacho Tapia
    on said:

    Soy muy fan de todo el viaje!! Animoooooooooooo

    Jajajaja, creía que habías aprendido la lección en el Atlas con los perros. Ya no perseguirán más al Gato. Joder mala pata los problemas mecánicos, ese trasportin ya estaba predestinado, te acuerdas en Mama Campo? Grande ese Eneko, seguro de vida.
    Estoy impresionando por las fotos y por la épica de los puertos. Disfruta amigo y mucha fuerza para el resto del viaje.

    Grande Gato! Leer tus crónicas son mi gran alegría en la oficina!! un abrazo enorme de Mex e intenta colgar algún video de los paisajes que cuentas!!

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