Las mil caras de Namibia

“Para entrar a Namibia desde Zambia lo mejor es hacerlo por Botswana”

Tirados en el suelo de un pueblo perdido de Zambia compartimos un mapa tamaño XL con tres ciclistas imageescoceses que nos encontramos en la carretera. Han salido desde Johanesburgo hace unos meses y el
encuentro nos ilusiona enormemente. Dos de ellos quieren subir hasta Etiopía, y Jaimisch, el más joven de los tres, vuelve a Edimburgo en dos semanas desde Lusaka. Se nota el cansancio en sus miradas. Protegiéndose del sol llevan prendas de manga larga y sudan como pollos. Nosotros vamos tan frescos como podemos, qué diferencia de costumbres.

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Jaimisch nos dice que somos muy afortunados, en Namibia “volaremos”. Los vientos a estas alturas del año soplan rumbo oeste, así que las noticias que nos dan son muy alentadoras. Nosotros les damos todo tipo de consejos también, ya que van a hacer exactamente la misma ruta que nosotros ya hemos hecho. Este tipo de información es de lo más valioso que encontramos. Si preguntamos a los locales la distancia a un determinado lugar nadie nos la sabe decir correctamente; si preguntamos acerca de las cuestas, tampoco, y si preguntamos acerca del viento, menos aún, así que con el cuaderno lleno de apuntes nos despedimos afectuosamente.image

La frontera que vamos a cruzar es distinta a las demás. Navegando el río Zambezi nos despedimos de Zambia; al otro lado está la frontera con Botswana. Nuevamente la cruzamos sin contratiempos, salvo por image
un pequeño detalle: cuando estamos a punto de abandonar el recinto de la frontera para entrar en
Botswana, un policía con cara de pocos amigos nos dice que no hemos desinfectado las ruedas de las bicicletas. Conteniendo la risa le preguntamos que cómo se desinfectan. A su lado hay un
depósito con un producto químico por donde los coches deben pasar para desinfectar las ruedas de un parásito que hay en las heces de vaca zambiana. Así que pasamos las bicis por allí y continuamos hacia un nuevo país.image

La mañana en Botswana fue de lo más provechoso. Nada más cruzar la frontera vemos jabalíes facocheros cruzando la carretera, a la media hora encontramos un río donde hacer un descanso y en sus aguas nos encontramos con 5 hipopótamos chapoteando y a los lados de la carretera elegantes gacelas trotan sin miedo ninguno.image

Continuamos hacia la frontera namibia y tenemos el problema de que hay que cruzar el Parque Nacional de Chobe y en bici no es posible. Apostados en la entrada del parque hacemos auto-stop, pronto un coche nos deja subir las bicis y nos lleva hasta el otro lado del parque, la frontera con Namibia. Mientras cruzamos Chobe vemos elefantes, cebras y gacelas. El coche nos deja en la frontera y en la misma hay una inmensa llanura en la que vemos ñus campando a sus anchas, búfalos y macacos mientras un río divide esa llanura en dos.image

imageLa entrada a Namibia nos confunde bastante. No hay cambistas, no hay vendedores, no hay movimiento ninguno y el edificio es muy moderno y su personal muy profesional. Parece la frontera de Bruselas con Holanda antes del euro. La séptima frontera la cruzamos sin contratiempos y buscamos donde cambiarimage dinero, pero allí no hay nada. Tenemos que recorrer 40 km para encontrar el primer cajero automático. Vemos una gente muy diferente a la de otros países. Hay bastantes mestizos, no son tan abiertos como en otros países y se saludan de una forma muy peculiar. Antes de darse la mano, dan una palmada en señal de respeto hacia la otra persona. Nosotros dejamos de ser “muzungus” por primera vez en siete países de África y pasamos a ser “makúa”, así llaman aquí a los blancos.

El paisaje es desértico y los poblados se componen de casas redondas de barro con tejado de paja. No hay gente en la carretera y por primera vez en los tres meses que llevamos de viaje, pasamos calor.image

En este país también conviven muchísimas tribus distintas y de nombres rimbombantes, desde los Hereros, cuyas mujeres usan vestidos isabelinos heredados de la colonización alemana, hasta los Himbas, que jamás se lavan y se cubren el cuerpo con barro como protección contra el sol o incluso la suciedad. Los Damaras también son muy característicos y están por todas partes. Lo más peculiar de ellos es su forma de hablar, combinando entre sus palabras sonidos que hacen tocando la lengua con el paladar. Si la gente dice que aprender chino es difícil, que prueben el damara.image

Después de unos días recorriendo el norte del país, llegamos al Corredor del Caprivi. Un corredor que va de este a oeste, con Angola a 12 km al norte y Botswana a 25 km al sur.

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Es temporada seca con lo cual los animales viajan mucho buscando agua, así que hay que extremar precauciones porque parece que en esta zona hay todo tipo de vida salvaje. Empezamos el día pedaleandoimage rápido y sin mirar al frente, sólo miramos a los lados por si nos salta cualquier animal. A medida que
avanzamos nos confiamos más y ya nos olvidamos de por dónde vamos. De vez en cuando pasa algún coche pero en general estamos totalmente solos. Nos dirigimos a Chetto, un pueblo que hay en la mitad del corredor, donde pensamos pernoctar. Después de pedalear todo el día con viento de cola, como nos presagiaron los escoceses, llegamos a Chetto. Encontramos una tienda y engullimos dos Sprite como si nohubiéramos bebido en días.

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Nidos gigantes

– ¿De dónde venís?-, nos pregunta el dueño del establecimiento.
– De Kongola, hemos salido esta mañana.
– Y no habéis visto al león.
– ¿El león?
– Esa señora que acaba de irse ha visto hoy uno, al lado de Omega.
En Omega es donde hemos parado a comer. Hemos hecho un picnic como si estuviéramos en los Alpes suizos, Lucía haciendo el papel de Heidi y yo de Pedro, vaya suerte hemos tenido de no encontrárnoslo.

Al día siguiente nuestro ritmo en la bicicleta es frenético y casi ni hablamos entre nosotros. Ya sólo miramos a izquierda y derecha y empujamos los pedales sin descanso.

imageimageDespués de unos días llegamos al Paso de Mururani.

“A partir de aquí es otro país, se acabaron los poblados. Planificar bien cada día porque las distancias son largas y no hay nada entre pueblo y pueblo”. Recordamos las palabras de Jaimisch y eran ciertas. El desierto se hacía largo y entre un pueblo y otro puede haber distancias de 200 km que en bici no se pueden recorrer en un día. Cambia nuestra forma de viajar teniendo que planificar y hacer acopio de agua para no quedarnos secos.image

Se nota cada vez más la presencia de gente blanca y las ciudades tienen una clara influencia alemana hasta en sus nombres:

Grootfontein, Kalkfeld o Wilhelmstal son ejemplos de sus ciudades.

imageLa primera ciudad que visitamos después de cruzar Mururani es Grootfontein y no nos gusta. Nada más llegar encontramos grupos de niños callejeros esnifando cola industrial en botellas de plástico usadas. Todo el mundo nos mira raro y no hay nada interesante que hacer, así que salimos de allí rápidamente.

En las ciudades vemos un ambiente enrarecido en el que los negros no son tratados bien y los blancos son los que manejan tanto las tierras como los negocios.

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Aún así encontramos gente buena vayamos donde vayamos. Cerca de Grootfontein está el Parque Nacional de Etosha. Aún no hemos entrado en ningún parque natural sin que sea de paso y Etosha tiene todos los alicientes que buscamos: hay todo tipo de animales y contiene un salar enorme que hacen de ello un paisaje único e impresionante.image

Nuevamente nos colocamos en la puerta del parque a ver si alguien nos lleva ya que no se puede ir en bici imagepor allí. De repente, una pick-up grande conducido por una sola persona pasa por delante de nosotros. Me
acerco y le pregunto si podemos unirnos. Nos dice que sólo hay un asiento delantero, le decimos que donde cabe uno caben dos y nos acepta. El parque es maravilloso. Un lago salado seco le da un aspecto lunar al parque y está lleno de animales. En un solo día vemos leones, rinocerontes, jirafas, chacales, avestruces y elefantes. Además Mungu, nuestro compañero de coche, es un personaje encantador y nos hace pasar un día increíble.
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Seguimos bajando hacia el sur por el Kalahari y llegamos a Skeleton Coast, un desierto espectacular que acaba en el mar donde el viento sopla con furia. Acampar allí es como acampar en el fin del mundo. No vemos a casi nadie en días y el sitio es espectacular. Las distancias entre los pueblos son enormes y tenemos que hacer acopio de agua y provisiones para días.

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imagePor fin llegamos al mar y nos emocionamos. La última vez que lo vimos fue en Tanzania y era el Océano Índico. Ahora es el Atlántico y sus aguas están llenas de focas. El olor en una de sus playas es horrible de la cantidad de ellas que hay.

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Unos días después llegamos a Swakopmund, una ciudad con mucha influencia alemana, pero nos pasa lo imagemismo, el ambiente de las ciudades no nos convence. Así que pedaleamos rumbo sur, hacia Sudáfrica ynuestra siguiente escala es en Sossusvlei, un desierto de dunas rojas impresionante. Al llegar allí subimos a la duna más alta y una vez más nos damos cuenta de lo pequeños que somos ante la naturaleza. Miremos donde miremos sólo hay dunas y en función de cómo les de el sol cambian bastante de color.image

imageUna vez visitado Sossusvlei y el Parque Nacional del Namib avanzamos hacia Fish River Canyon, un cañón que atraviesa el río Fish y desde arriba dicen que hay unas vistas alucinantes. El camino hasta allí se nos hace duro. La pista que lleva hasta allí es de arena y es muy difícil manejar la bici sin perder el equilibrio. imageAdemás las distancias nuevamente son larguísimas y con lo único que nos cruzamos es con avestruces. Una vez que llegamos al cañón nos pasa lo mismo, alucinamos con el paisaje. No habíamos visto nada parecido y nos quedamos en lo alto del cañón un tiempo largo, disfrutando del lugar en el que estamos.image

imageHemos recorrido Namibia de norte a sur y, sin duda alguna, es el país que paisajísticamente más nos ha llamado la atención. Los desiertos, la vida salvaje y la inmensidad de este país en el que sólo viven 2 millones de personas hace que nos sintamos hormigas ante una naturaleza exuberante. A pesar de ver esos detalles racistas, es un país que nos impresiona muchísimo y en el que la gente nos trata de maravilla.

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