Moscas sin mal de altura‏

Se me hacía extraño ver que una nube de moscas pudiera volar a 20 kilómetros por hora. También se meimage-15 hacía extraño que todas estuvieran merodeando mi alforja delantera, pero bueno, estaba en plena subida al puerto de Khargus y no iba a ser esa mi preocupación.

Si no fuera por la subida, aquello era un paraíso. La cordillera del Hindu Kush con montes de 7000m anuestra derecha, enfrente Afghanistan y abajo el río Panj bajando a toda pastilla. Por todos lados había praderas verdes donde tumbarnos cuando queríamos y ríos helados donde bañarnos y abastecernos de agua. Era difícil que mis moscas y yo pudiéramos pedir algo mejor.

image-16Por fin paramos en el último checkpoint a 4.100m de altura y ya empezábamos a notarlo. Nos ahogábamos un poco al pedalear y nos entraba un poco de mareo, pero era difícil pararnos. Nuestra alegría de estar ahí era enorme. Habían sido muchos meses viendo fotos de ese lugar en el que nos encontrábamos, habían sido muchas horas delante del ordenador viendo esa misma ruta que estábamos recorriendo. Cada poco se me ponía la carne de gallina de estar donde estaba y de subir tan alto a lomos de La Gerarda, que traqueteaba como una carraca de lo cargada que iba. Tuvimos que llevar provisiones para unos tres días, ya que no íbamos a encontrar nada en la ruta, y se notaba bastante el peso. Eran tantas horas escuchando el traqueteo de las bielas y de las ruedas que ya hacía percusión con mis manos en el manillar y con el sonido de los bajos de mi bicicleta.

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De pronto, entre la nieve vimos una marmota enorme cruzando el camino. Más alegrías si cabe.

image-23Paramos en otro prado paradisíaco a comer. Nos disponíamos a cocinar un arrocito con tomate, así que abrí mi alforja pidiéndoles paso a las moscas y me encuentro con que el bote de tomate que había comprado un día antes, se me había abierto por los baches del camino. Ahora me explicaba por qué tenía esa compañía durante tanto tiempo. Era genial encontrarme todo lo que llevaba en mi alforja teñido de color rojo y apestando a tomate Orlando.

Por supuesto fui el hazmerreír de mis compañeros, y el arroz, en vez de tomarlo con tomate, lo tomamos con ajo.

Acampamos en un lugar impresionante con bastante frío, y a laimage-24 mañana siguiente nada más abrir la cremallera de la tienda de campaña y ver dónde estaba, se me escapaba una sonrisa que me duraba minutos, y toda la piel se me ponía de gallina de la emoción. Agradecí hacerla acompañado porque en 24 horas sólo nos cruzamos con un coche; todo lo demás, marmotas y pájaros.

Continuamos y pasamos por unos lagos espectaculares de agua transparente. Una pena no bañarnos, pero estábamos muy altos y hacía bastante frío.

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Estábamos despidiéndonos del Wakhan corridor para metermos en la M41, la Pamir Highway, la segunda carretera más alta del mundo. Agradecimos que estuviera asfaltada porque llevábamos muchos días pedaleando por caminos llenos de baches, arena, rodadas y agujeros que hacían bastante complicado el pedaleo. Si no poníamos los cinco sentidos en la bici era muy fácil perder el equilibrio y morder tierra.

image-25Entramos de lleno en el altiplano del Pamir, una carretera bastante llana que no baja de los 4.000m y llegamos a Alichur, el primer pueblo después del Wakhan Corridor.

Aquello parecía otro mundo. El pueblo entero era blanco, y entre las casas vimos las primeras yurtas, una especie de tiendas de campaña con forma de iglú que emplean las tribus nómadas del Himalaya, algo que no habíamos visto en todo Tajikistan, pero lo que más nos impresionó fue la gente. Todos tenían los ojos achinados, la piel morena y vestían de una forma muy diferente a lo que habíamos visto. Los hombres llevaban un gorro en forma de pluma y las mujeres tapaban su pelo con pañuelos muy coloridos y preciosos, y llevaban pendientes brillantes, generalmente de aro.image-19

La gente del Pamir se siente más kirguiz que tajika por temas de la guerra civil y es por ello que no sólo hablan otro idioma, sino que también han atrasado una hora sus horarios para ir a contracorriente del país que repudian, Tajikistan.

Ahora nos encontramos en Murgab, donde hemos coincidido con bastantes ciclistas que vienen de muy lejos y el ambiente es muy bueno. En poco tiempo entraremos en Kirghizistan, pero antes tenemos que pasar el Akbaital Pass, el puerto más alto de nuestra ruta, a 4.655m de altura. Los ánimos siguen por las nubes, así que tenemos muchas ganas de “atacarlo”.

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