Reza y la familia Iraní

image (4)Cansado y atrasado, llegué a Mahmud abbad y se me acercó el enésimo coche a saludarme conducido por una madre con muchos niños detrás. Parecía que recorría Irán en Papamóvil y no en bici. era frecuente que un coche se me pusiera al lado y me diera algo de conversación. El copiloto era un niño de unos 15 años que hablaba inglés. Me preguntó dónde dormía hoy y le dije que no sabía. La madre, que le utilizaba de traductor le dijo que si era una noche me podía quedar con ellos. Fantástico, gracias tipo raro por no dejarme acampar en el arrozal de antes, me acababas de abrir a una de las familias más generosas que he conocido en mi vida. Les seguí hasta un edificio donde vivían y me dejaron un pequeño apartamento donde me instalé yo solo. Me pidieron que me diera prisa porque habían avisado a la familia y me habían organizado una cena de bienvenida.

La casa de la abuela era de dos pisos. El de abajo lo alquilaban y en el de arriba vivía la abuela con una chica con síndrome de down que había adoptado. También nos esperaban Walid y su mujer con sus dos encantadores hijos, Samira y Samir Alí, y Mohammad y su novia de 17 años, además de Toura, la abuela, que en un principio no me saludó por vergüenza o protocolo, nunca sabré. Ninguno de ellos había conocido a un extranjero antes.

La casa tenía una sala grande con dos alfombras persas enormes y sillones muy anchos e incómodos pegados a la pared. Las paredes de terciopelo estaban muy ornamentadas y había cortinas de encaje de bolillos hasta en la pantalla de la televisión. Fotos enmarcadas con nubes y flores estaban presentes en todas las mesas de madera brillante de la sala.

imagePoco a poco fueron preguntándome cosas y a medida que avanzaba la noche se iban soltando más y más. Me preguntaron sobre mi familia, España, si había niños con síndrome de down como Fátima, sobre Ahmadineyad y los ayatollahs y sobre miles de cosas que se le preguntan a alguien que vive en una realidad muy diferente a la suya.

Mohammed era el hijo pequeño de la familia y pronto empezó a hacer trucos de magia, parodias de gente o bromas muy básicas con bastante gracia.

Las chicas ponían música en la televisión y pronto se arrancaron a bailar una especie de techno persa que era muy difícil de asimilar en un oído no acostumbrado a esos ritmos como el mío. A mí me agasajaban con dulces, té, refrescos y preguntas, muchas preguntas. Ninguna de las mujeres se quitó el velo.

Pronto hicieron la cena, colocaron un mantel grande en el suelo y empezó el banquete. Estaban alucinados con lo que les contaba acerca de las relaciones amorosas, la educación o los salarios de España. La mayoría se habían casado antes de los 15 años y todos por conveniencia entre familias. Fue una cena muy animada y cada vez me iban cogiendo más cariño.

A las 2 de la mañana nos fuimos a dormir y decidí quedarme el día siguiente con ellos.

Me levanté después de dormir plácidamente y bajé al piso de abajo donde vivían mis anfitriones. El desayuno ya estaba servido y pronto nos fuimos ya que teníamos el día cargado de eventos.

Primero Mansour, el padre de la familia que me “adoptó” me llevó a su tienda de repuestos de móviles. Era un negocio muy pequeño pero situado en una zona muy concurrida de la ciudad. Rezah, su hijo de 15 años que nos acompañaba seguía siendo mi traductor. Mansour avisaba a todo el que conocía para presentarme. estaban encantados de tenerme allí.

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Foto de Rezah, su madre y Mansour su padre.

Al rato nos montamos en el coche y fuimos a la playa. Allí ya estaban todos los miembros de la familia con sus coches en la arena, el mantel en el suelo y comida, mucha comida. Seguían muy interesados en mí y a través de Rezah me preguntaban mil cosas y se hacían fotos conmigo. Mohammed seguía haciendo bromas siempre que podía, y arregló alquilar una patera para que diéramos una vuelta. Allí fuimos los 12. Tardamos en montarnos todos unos 10 minutos pero a los 5 ya se había acabado el paseo. El capitán nos llevó mar adentro todo lo rápido que pudo, todos sacaron los teléfonos para hacer fotos y de vuelta a la playa. Fátima, la chica con síndrome de down se quedó en la playa con un berrinche importante.

image (1)Después de comer, los hombres de la familia fuimos a lo que en su día llamábamos unos “recreativos”, una sala donde había mesas de billar y una mesa de pingpong. Desde que montamos en la patera para hacernos selfies, me hablaban de jugar al ping pong, que les encantaba y que me querían retar, así que allí fuimos. Hubo 3 reñidas partidas de ping pong en las que por suerte les gané a todos, creando un verdadero show en la sala al ver a un español en ese sitio, en ese momento, jugando al ping pong. Después jugamos al billar y aunque se creó aún más show que en el ping pong, no fui capaz de ganar a nadie.
Al acabar las partidas, recogimos a la mujer de Mansour en su peluquería para ir a cenar a casa de la abuela. Era curioso porque más que una peluquería parecía un club de alterne visto desde fuera. La prohibición de enseñar el pelo hacía que el lugar estuviese cerrado a cal y canto por cortinas rojas. Rezah tenía que avisar a su madre desde fuera y a gritos para que se asomase. me dijo que nunca había entrado en la peluquería de su madre. Ninguna de las mujeres se quitó el velo.. La ley es muy estricta con estas restricciones por lo que me cuentan. Si el Cuerpo Especial de Moral de la Policía iraní entra por ejemplo a un restaurante y hay una mujer sin velo, el restaurante inmediatamente queda cerrado por no cumplir con la Ley de la moral y les ponen una multa de esas que duele durante meses en la cuenta bancaria.

Fuimos de nuevo a casa de la abuela. Era espectacular cómo se preocupaban por mí, no me dejaban ir atrás en el coche, me servían té cada dos minutos y me preguntaban si necesitaba algo cada tres. Me pedían que les buscase un parecido con un animal a cada uno de ellos, y si creía que irían al Paraíso o al infierno..preguntas harto complicadas de responder. La abuela Touran se soltó algo más conmigo y las hijas le pidieron que me leyera la mano y el poso del café. Si se cumplen sus predicciones, me espera un futuro halagador.

Al día siguiente me despedí de ellos con verdadera pena. A Rezah le habían permitido faltar a la escuela para despedirme y Mansour abriría su negocio 1 hora tarde por el mismo motivo. Me ofrecieron incluso dinero para seguir mi viaje, algo que ya pasaba todos los límites.

Seguí la carretera que bordea el Caspio hasta donde estoy ahora, una base militar en la que los militares se han apiadado de un ciclista que no tenía donde hacer noche. Ayer sustituimos el arroz con pollo por pescado, y fue un momento apoteósico tanto para mí por comer algo distinto, como para ellos de tener una visita tan fuera de lo común en ese lugar.


One thought on “Reza y la familia Iraní

    Gatiño, me he leído esta crónica como cuatro veces 🙂 En todas me ha hecho sonreír 🙂 Espero que tu viaje siga yendo igual de bien, seguro que sí 🙂 Te sigo leyendo!

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