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2 Cycle Africa. Conclusiones

No es momento de echar nada de menos, sino más bien lo contrario. Hemos aprendido mucho en este viaje y aunque cueste adaptarse a la vuelta, tenemos que saber aplicar lo que hemos aprendido a nuestro día a día. Cosas que antes eran de una importancia crucial en nuestras vidas, van a dejar de serlo. Toda esa gente con la que hemos convivido estará en nuestra memoria siempre, aunque no vayamos a verles nunca más, y esas palabras que tanto significaron para nosotros, las intentaremos aplicar cada día.

Una paradita en el camino. Malawi

Una paradita en el camino. Malawi

Hemos vuelto a casa y el ritmo de aquí no tiene nada que ver con el de allí. Aquí se le da demasiada importancia a muchas cosas que en el fondo no la tienen. Miles de cosas pueden suponer un desastre, una tragedia o mejor dicho, un fracaso, pero en realidad nada es realmente grave.

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Niños ruandeses locos con ver la pantalla de la cámara

Hemos aprendido que vivir son dos días y que no se necesita casi nada para ser feliz. Nosotros lo hemos sido con casi nada de ropa, una bici y material de camping. No podemos vivir así siempre, nuestro sitio no es ése, pero intentaremos aplicar lo que hemos vivido. Esos recuerdos quedan en la memoria para siempre y cada vez que nos invada una sensación de desesperación, tragedia o fracaso intentaremos acordarnos de la gente que hemos conocido y de cómo afrontarían esa situación.

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El mestizaje de Zanzíbar

Esas lecciones de vida que te da viajar son inolvidables y eternas. Aprendemos a vivir con lo puesto, a querer sin interés, a vivir como uno quiere y no como a uno le imponen, y rápidamente nos damos cuenta del regalo que es estar en esta vida.

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Descansando en el Lago Bunyonyi, Uganda

Hemos convivido con todo tipo de gente y situación social. Todos nos han echado una mano porque viajábamos en bicicleta. Todos nos han puesto al alcance de nuestras manos un plato de comida, una cama o una conexión wifi sin interesarles el dinero que llevábamos encima. Consideraron que nos lo merecíamos por viajar como lo hemos hecho.

En África la mayoría de gente vive al día, sin preocuparles demasiado el qué pasará mañana. En una sociedad como la nuestra vivir así es impensable, pero tiene muchas ventajas. No digo que quiera vivir sin saber qué haré mañana, admito que me generaría inquietud, pero desde luego he de decir que tiene sus beneficios.

Reconozco que tengo cierta debilidad hacia el continente africano y después de conocer Sudáfrica, el decimoséptimo país africano que visito, creo que todavía me quedan muchos lugares de África donde pedalear. Una vez más, me cuesta destacar el país que más me ha gustado de este viaje. La salida del aeropuerto de Entebbé, en Uganda, supuso el inicio de un sueño y la llegada a Ciudad del Cabo, ese sueño hecho realidad. Me emociono al mirar un mapa y ver lo que hemos hecho.

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Lion´s Head Mountain, en Ciudad del Cabo

Cada día nos llenábamos la cabeza de cientos de experiencias nuevas, todas ellas tan fuertes que cuando te acordabas de las experiencias del día anterior, parecía que había pasado un año o dos. Es tanta la gente que hemos conocido y que nos ha tratado bien que cuando echamos la vista atrás pensamos que sin ellos este viaje habría sido imposible. Esa señora que nos indica el camino a seguir, ese señor que nos da agua parando su coche en medio de un desierto, esa profesora que mata una gallina para que comamos porque necesitamos energía para el día de mañana, esos niños que nos regalan incontables sonrisas, esos ancianos y sus sabios consejos, esos policías que nos advierten, esos jóvenes que nos saludan y, cómo no, esos comerciantes que nos intentan sacar un dinerillo extra en nuestras compras. Todos han sido imprescindibles en cada uno de los 8 países que hemos recorrido.

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Uno de los desiertos que cruzamos, Tanzania

Hemos vivido situaciones de todo tipo, arriesgando bastante según se mire, pero ahora las recordamos y serán historias para toda la vida, de las que no nos arrepentimos, sino más bien nos alegramos.

Llegamos a integrarnos tanto en la cultura africana que cuando conocíamos a occidentales viajando con sus mochilas, alardeando de lo auténtico de sus viajes y del poco dinero que gastaban, nos suponía sentir cierto rechazo y abrazábamos más la cultura local que la nuestra.

Llegada a las Cataratas Victoria, Zambia

Llegada a las Cataratas Victoria, Zambia

Ha sido mi primer viaje en bicicleta acompañado de alguien, y ha sido el viaje de mi vida. Magnífica me ha enseñado mucho en este viaje y vivir lo vivido entre dos es dos veces mejor, por lo menos. Antes siempre que vivía una situación bonita o disfrutaba de un lugar, me faltaba alguien con quien compartirlo. En este viaje lo hemos hecho posible y ha sido alucinante. Las cosas vividas por dos valen más del doble.

Con respecto a los países que hemos recorrido, insisto que no sé destacar el que más me ha gustado, pero de ellos puedo decir que Uganda me supuso el reencuentro con un continente que amo y en el que tuvimos situaciones maravillosas en el Lago Victoria y en su interior. Ruanda es un país que está muy cerca del desarrollo después de lo que ha sufrido por su genocidio de 1994. Ya quisieran muchas sociedades una convivencia como la que tienen ellos, después de lo que han sufrido. Se acabaron las castas y las razas, todos son iguales y el país no hace más que crecer en desarrollo.

En Tanzania, el turismo y la cooperación han hecho mucho daño. En algunos casos nos hicieron sentir que por ser blancos teníamos que pagar el doble de lo estipulado y a veces se generaron situaciones tensas. La culpa no es de ellos, sino más bien nuestra. Si cada vez que un turista visita Tanzania y entrega dinero a sus habitantes sin buscar nada a cambio, ellos van a pensar que todos los blancos somos así. Cada vez que vemos una carretera bien asfaltada, un hospital, una escuela o un puente se ve un cartel de “Cortesía de la Unión Europea”, “Donado por USAid”, “Cedido por el gobierno de Japón”, etc. Allí parece que los blancos sólo vamos a dar dinero. En materia de cooperación hemos visto muchas taras en todos los países que hemos recorrido. Qué gran error es intentar imponer una cultura que no es la de otro.

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Mercado en Moshi, Tanzania

Malawi nos conquistó nada más cruzar sus fronteras. Vimos una gran diferencia de pobreza con respecto a los otros países, nos costaba encontrar comida que no fuesen tomates o huevos, la gente desborda amabilidad. Su lago hace del país un lugar paradisiaco con playas preciosas y pescado delicioso.

En Zambia llegó el desarrollo y empezamos a ver ciudades con cines, centros comerciales y hamburgueserías, pero en cuanto salimos de sus metrópolis vimos un país muy auténtico con gente muy acogedora. Vivimos alguna situación incómoda, ya que atravesamos el país en plenas elecciones, pero eso lo hizo aún más interesante. Encontramos gente muy bromista y dicharachera, especialmente las mujeres.

Namibia es un país de contrastes y que puede dividirse en dos. La parte africana y la parte sudafricana. El norte de Namibia es totalmente “africano”; aldeas con casas de adobe y tejado de paja y tribus que cantan con tambores, pero a medida que bajamos descubrimos ciudades pseudo alemanas llenas de blancos que dominan los negocios y el poder.

Sudáfrica nos sorprendió muy gratamente. Nos avisaron de lo peligroso del país, pero no encontramos situaciones peligrosas salvo cuando, por equivocación, nos metimos con las bicis en una autovía de peaje. Recorrimos el país en plena primavera y era precioso pedalear sus carreteras rodeados de flores de mil colores. Además Ciudad del Cabo es una ciudad impresionante y en la que nos hubiera encantado quedarnos más tiempo.

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Sudáfrica en primavera

Me gustaría acabar esta crónica recordando que hacemos una expo de fotos sobre nuestro periplo donde siempre empiezan nuestros periplos, en Slowroom. Enseñaremos fotos de cada uno de los países que hemos visitado, y podremos disfrutar de un delicioso vermut Zecchini y cervecitas.