Etiqueta: Iran

Leave a reply

La Ruta de la Seda

Llevo muchos años queriendo conocer Asia Central. Viajé por Turquía hace unos años y me quedé con muchas ganas de conocer Irán y los “Tanes”, así que ahora es el momento de llevar a cabo mi sueño.

Wikipedia define la Ruta de la Seda así:

“La Ruta de la Seda fue una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china desde el siglo I a.C., que se extendió por todo el continente asiático, conectando a China, con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.”

Mi idea es salir de Teherán, subir Turkmenistán, seguir hacia Uzbekistán pasando por Samarcanda, hasta llegar a Tajikistán. De ahí, subir a Kirguizistán por la Carretera del Pamir, la segunda carretera más alta del mundo (4.600m) y entrar en China para desde ahí bajar a la India. Veremos si llego! Aquí unas imágenes de por dónde quiero ir:

mapa.jpg

Mapa2.jpg


Leave a reply

Aterrizaje en Teherán

Plaza de Isfahan

Contento de empezar el viaje me subí al avión y me di cuenta de que algo iba mal…ese avión no podía ser el mío..sin duda estaba en el sitio equivocado. Tantas horas de espera confunden a cualquiera y debí haber entrado a un avión que por su público debía ir directo a la playa de Copacabana, y no a Teherán, Irán. Parado en el principio del avión donde las azafatas suelen hacer la coreografía similar a las
cheerleaders de la NBA, me fijé en el público del avión y me costaba creer que los allí sentados fuesen iraníes, as que llegué a la conclusión de que ese no era mi avión. Me di media vuelta muy agobiado y le pregunté a la azafata si ese avión iba donde yo creía que iba, y me contestó que sí, que íbamos a Teherán.

Bigote local

De los allí sentados no había absolutamente nadie que pareciese iraní, o ninguno de los allí sentados parecía lo que yo pensaba que podían ser iraníes. Las mujeres todas iban maquilladas hasta en el último poro de sus caras; las cejas tatuadas, los labios pintados hasta las fosas nasales, las gafas de sol de Chanel a modo de diadema, los pendientes que brillan hasta en la oscuridad y las pestañas que rozan los flequillos no indicaban para nada que podían ser de donde eran. Por supuesto no vi ni medio velo tapando su pelo como exige la férrea ley iraní. Así que avancé hacia mi asiento entre una extraña mezcla de olor a perfume recién adquirido en el duty free y keroseno, qué dulces son los aromas de los aviones. Pronto caí frito, como suele ser habitual.

Isfahán

Finalmente aterrizamos, y al ponerme de pie para recoger mi maleta, miré alrededor y vi que el público que había en el avión al salir de Abu Dabi, ahora era otro muy diferente. Esas mujeres que iban tan descocadas al inicio del vuelo, habían cambiado totalmente de atrezzo. Sus camisetas sin mangas se habían convertido en una especie de camisas de seda que les llegaban hasta las rodillas, y su despampanante aspecto inicial había quedado completamente relegado por la prohibición de mostrar el pelo, los brazos o cualquier elemento que pudiera considerarse “provocador”. Por supuesto ya ninguna iba sin velo.

Shiraz

La aduana iraní no me daba buena espina. Los foros hablaban de varios casos en los que la policía había mandado de vuelta a casa a varios viajeros, porque no llevaban visado o porque habían contestado algo que la policía no quería oír, así que yo me empeñé en llevar todo lo más atado posible.

La cola se me hizo larga aunque no lo fue, estaba nervioso por si llegaría mi bici, por si metería la pata con yo qué se qué o por si vendrían a buscarme al aeropuerto o no.
Mi turno. El policía que me tocó parecía bastante dormido. Le entregué mi pasaporte bien abierto por la página que mostraba mi visado, y lo sujetó con una mano, mientras con la otra se peinaba las puntas de un bigote bien poblado, mostrando unas uñas bien roñosas. Apenas me miró a los ojos, puso el sello, me devolvió el pasaporte y acto seguido le sonreí, levantando el dedo gordo de la mano. Su gesto se torció por completo y lo que ya aparentaba mal humor se convirtió en ira, así que rápidamente bajé hacia la cinta de equipajes sin ni siquiera dar las gracias.

Mi bici apareció por la cinta a los 7 minutos y 32 segundos que para mí fueron una eterna eternidad.

Salí fuera y vi que a la mayoría de los que iban en mi avión, les recibían familias enteras. Me recordaba a esas escenas que me contaba mi padre cuando iban a buscar a mi abuelo al aeropuerto primos, hijos, tíos y hasta las señoras de servicio de la casa, allá por los años 60.

Por fin se cumplió uno de los sueños de mi vida. Después de muchos años soñando con este momento, tenía que ser en Irán donde se iba a hacer realidad. Por más que coja aviones, siempre envidio a esos pasajeros a los que les espera alguien con un cartel con su nombre y les lleva a casa. En general cuando llego a un aeropuerto empieza la fase 2 del viaje; esa fase en la que tienes que conseguir llegar a una dirección en una ciudad que no conoces de nada cargado como un sherpa del Himalaya. Esta vez no iba a ser así y me sentí como alguien francamente importante.

DSC00186

Bazar de Shiraz

Mohammed me esperaba con un cartel que decía “Miguel Gato” y mi alegría fue tan grande que sin conocerle de nada le di un abrazo. Por primera vez en mi vida no iba a ser el pringao que tiene que regatear un taxi o preguntar qué autobús era el mío. Esto era un súper lujo para mí.

Le di la mano a Mohammed, que aunque no conseguí entender nada de lo que decía, establecimos un lenguaje de signos más o menos comprensible entre nosotros. Cada vez que él me decía algo, yo le decía que sí y levantaba el dedo pulgar, algo que no parecía gustarle demasiado, y cada vez que yo le decía algo a él; él me decía que sí con una sonrisa interminable, ¿diálogo de besugos? Por supuesto.

Más tarde me explicaron que levantar el dedo pulgar, aquí significa un corte de manga, así que veo que he tenido bastante suerte entrando en una República Islámica haciendo cortes de manga a un policía y a un conductor sin que me hayan llamado al orden.

Ahora estoy en Teherán a la espera de los visados de Turkmenistán y Tajikistán. La semana pasada fui con mis amigos de aquí a Isfahan, Yazd, Persepolis y Shiraz, ciudades alucinantes que recomiendo a todo el mundo. En cuanto me den el visado comienzo a pedalear hacia el Caspio, estoy nervioso por empezar.


1 Reply

Reza y la familia Iraní

image (4)Cansado y atrasado, llegué a Mahmud abbad y se me acercó el enésimo coche a saludarme conducido por una madre con muchos niños detrás. Parecía que recorría Irán en Papamóvil y no en bici. era frecuente que un coche se me pusiera al lado y me diera algo de conversación. El copiloto era un niño de unos 15 años que hablaba inglés. Me preguntó dónde dormía hoy y le dije que no sabía. La madre, que le utilizaba de traductor le dijo que si era una noche me podía quedar con ellos. Fantástico, gracias tipo raro por no dejarme acampar en el arrozal de antes, me acababas de abrir a una de las familias más generosas que he conocido en mi vida. Les seguí hasta un edificio donde vivían y me dejaron un pequeño apartamento donde me instalé yo solo. Me pidieron que me diera prisa porque habían avisado a la familia y me habían organizado una cena de bienvenida.

La casa de la abuela era de dos pisos. El de abajo lo alquilaban y en el de arriba vivía la abuela con una chica con síndrome de down que había adoptado. También nos esperaban Walid y su mujer con sus dos encantadores hijos, Samira y Samir Alí, y Mohammad y su novia de 17 años, además de Toura, la abuela, que en un principio no me saludó por vergüenza o protocolo, nunca sabré. Ninguno de ellos había conocido a un extranjero antes.

La casa tenía una sala grande con dos alfombras persas enormes y sillones muy anchos e incómodos pegados a la pared. Las paredes de terciopelo estaban muy ornamentadas y había cortinas de encaje de bolillos hasta en la pantalla de la televisión. Fotos enmarcadas con nubes y flores estaban presentes en todas las mesas de madera brillante de la sala.

imagePoco a poco fueron preguntándome cosas y a medida que avanzaba la noche se iban soltando más y más. Me preguntaron sobre mi familia, España, si había niños con síndrome de down como Fátima, sobre Ahmadineyad y los ayatollahs y sobre miles de cosas que se le preguntan a alguien que vive en una realidad muy diferente a la suya.

Mohammed era el hijo pequeño de la familia y pronto empezó a hacer trucos de magia, parodias de gente o bromas muy básicas con bastante gracia.

Las chicas ponían música en la televisión y pronto se arrancaron a bailar una especie de techno persa que era muy difícil de asimilar en un oído no acostumbrado a esos ritmos como el mío. A mí me agasajaban con dulces, té, refrescos y preguntas, muchas preguntas. Ninguna de las mujeres se quitó el velo.

Pronto hicieron la cena, colocaron un mantel grande en el suelo y empezó el banquete. Estaban alucinados con lo que les contaba acerca de las relaciones amorosas, la educación o los salarios de España. La mayoría se habían casado antes de los 15 años y todos por conveniencia entre familias. Fue una cena muy animada y cada vez me iban cogiendo más cariño.

A las 2 de la mañana nos fuimos a dormir y decidí quedarme el día siguiente con ellos.

Me levanté después de dormir plácidamente y bajé al piso de abajo donde vivían mis anfitriones. El desayuno ya estaba servido y pronto nos fuimos ya que teníamos el día cargado de eventos.

Primero Mansour, el padre de la familia que me “adoptó” me llevó a su tienda de repuestos de móviles. Era un negocio muy pequeño pero situado en una zona muy concurrida de la ciudad. Rezah, su hijo de 15 años que nos acompañaba seguía siendo mi traductor. Mansour avisaba a todo el que conocía para presentarme. estaban encantados de tenerme allí.

image (1)

Foto de Rezah, su madre y Mansour su padre.

Al rato nos montamos en el coche y fuimos a la playa. Allí ya estaban todos los miembros de la familia con sus coches en la arena, el mantel en el suelo y comida, mucha comida. Seguían muy interesados en mí y a través de Rezah me preguntaban mil cosas y se hacían fotos conmigo. Mohammed seguía haciendo bromas siempre que podía, y arregló alquilar una patera para que diéramos una vuelta. Allí fuimos los 12. Tardamos en montarnos todos unos 10 minutos pero a los 5 ya se había acabado el paseo. El capitán nos llevó mar adentro todo lo rápido que pudo, todos sacaron los teléfonos para hacer fotos y de vuelta a la playa. Fátima, la chica con síndrome de down se quedó en la playa con un berrinche importante.

image (1)Después de comer, los hombres de la familia fuimos a lo que en su día llamábamos unos “recreativos”, una sala donde había mesas de billar y una mesa de pingpong. Desde que montamos en la patera para hacernos selfies, me hablaban de jugar al ping pong, que les encantaba y que me querían retar, así que allí fuimos. Hubo 3 reñidas partidas de ping pong en las que por suerte les gané a todos, creando un verdadero show en la sala al ver a un español en ese sitio, en ese momento, jugando al ping pong. Después jugamos al billar y aunque se creó aún más show que en el ping pong, no fui capaz de ganar a nadie.
Al acabar las partidas, recogimos a la mujer de Mansour en su peluquería para ir a cenar a casa de la abuela. Era curioso porque más que una peluquería parecía un club de alterne visto desde fuera. La prohibición de enseñar el pelo hacía que el lugar estuviese cerrado a cal y canto por cortinas rojas. Rezah tenía que avisar a su madre desde fuera y a gritos para que se asomase. me dijo que nunca había entrado en la peluquería de su madre. Ninguna de las mujeres se quitó el velo.. La ley es muy estricta con estas restricciones por lo que me cuentan. Si el Cuerpo Especial de Moral de la Policía iraní entra por ejemplo a un restaurante y hay una mujer sin velo, el restaurante inmediatamente queda cerrado por no cumplir con la Ley de la moral y les ponen una multa de esas que duele durante meses en la cuenta bancaria.

Fuimos de nuevo a casa de la abuela. Era espectacular cómo se preocupaban por mí, no me dejaban ir atrás en el coche, me servían té cada dos minutos y me preguntaban si necesitaba algo cada tres. Me pedían que les buscase un parecido con un animal a cada uno de ellos, y si creía que irían al Paraíso o al infierno..preguntas harto complicadas de responder. La abuela Touran se soltó algo más conmigo y las hijas le pidieron que me leyera la mano y el poso del café. Si se cumplen sus predicciones, me espera un futuro halagador.

Al día siguiente me despedí de ellos con verdadera pena. A Rezah le habían permitido faltar a la escuela para despedirme y Mansour abriría su negocio 1 hora tarde por el mismo motivo. Me ofrecieron incluso dinero para seguir mi viaje, algo que ya pasaba todos los límites.

Seguí la carretera que bordea el Caspio hasta donde estoy ahora, una base militar en la que los militares se han apiadado de un ciclista que no tenía donde hacer noche. Ayer sustituimos el arroz con pollo por pescado, y fue un momento apoteósico tanto para mí por comer algo distinto, como para ellos de tener una visita tan fuera de lo común en ese lugar.


1 Reply

Visita al Chiíta

Por todas partes en Irán se ven fotos en blanco y negro de personas muy serias, la mayoría tienen bigote y se ven como antiguas. A veces cuelgan de las farolas, otras están a la entrada de los pueblos, y otras en casas. Me costó saber quiénes eran. al principio hasta pensaba que eran yihadistas por la pinta que tienen, pero aquí aunque oigamos lo contrario, hay poco yihadismo y obviamente no van a hacer apología. Por fin Jerjes, el mejor anfitrión que he conocido, con su mujer Pati, me aclararon que son mártires de la guerra con Irak. Esa guerra acabó en el 88 pero como aquí morir por la patria es un honor, pues aún duran los honores.

Pasaban ya las 7 de la tarde y no tenía donde dormir aún, así que me metí por una salida que vi, y a unos 100 metros había parcelitas con gente trabajando huertas. Me acerqué a una y les pregunté si era posible acampar allí, todo por señas ya que lo de hablar farsi va a ser asignatura suspendida en este viaje. Un señor de unos 60 años y barba blanca con cara entrañable me dijo que sí, pero que ahí no, que me esperase.

segAl rato salieron de entre los árboles el señor de cara entrañable y su mujer cargados de melocotones para mí, y me pidieron que les siguiese.

Les seguí como medio kilómetro en su coche, hasta que llegamos a un pueblo cercano, donde se paró en una panadería y, en vez de comprar pan, avisó de mi presencia. Acto seguido a mi alrededor tenía a 3 panaderos teñidos de blanco hasta en la piel, otros dos chicos en una moto que habían parado ante la algarabía y un grupete más de gente preguntando lo de siempre: Real Madrid o Barsa, dónde voy y de dónde vengo con la bicicleta así de cargada. Seguimos camino hacia su casa y se paró en el sastre por el mismo motivo, y también en el mecánico. Otra vez me exhibían a todo el que fuera posible.

Al llegar a su casa nos abrió la puerta un mullah. A mí los Mullahs no me dan buena espina, el único que conozco es al Mullah Omar iraquí que tanto busca la CIA, aunque he de reconocer que por aquí ya he visto bastantes. También Jerjes y Pati me aclararon en su día que son como pastores musulmanes y son gente muy respetada. estudian como 7 años de teología musulmana para llegar hasta ahí. Así que ese prejuicio ya lo podía ir olvidando porque nuevamente iba a conocer a una de las personas más generosas de mi viaje.

3En fin que la puerta nos la abrió un mullah, con su turbante en la cabeza, su chaleco y su pinta de musulmán. Ismail ( ya supe el nombre del de la cara entrañable) y yo nos sentamos en el suelo y al momento el mullah nos trajo sandía cortada y té. La casa estaba llena de libros y no tenía muebles, sólo alfombras en el suelo.
Ismail me habló de que perdió a un hermano en la guerra, de que su padre falleció y de que tiene 3 hijos: Mohammed Ali, Mohammed Boger y el nombre de la hija no lo recuerdo. Me hacía gracia los dos Mohammeds, vaya lío cada vez que les tuviera que llamar para cenar. Al acabarnos la sandía Ismail se puso a rezar delante mío y yo mientras miraba el móvil disimuladamente ya que tenían wifi.

Al rato vino el mullah y ya lo entendí todo… Esta barrera del idioma me la juega constantemente. El Mullah es hijo de Ismail y aquí son como del opus dei a lo musulmán. El espectáculo estaba servido.

Empezamos a hablar el mullah y yo y vi que llevaba una vida bien normal. Tenía smartphone, ordenador portátil y era bastante cachondo. Nos entendíamos con el traductor del teléfono y con gestos. las palabras por más que me las repitieran en voz muy alta y vocalizando mucho, nada tienen que ver con el español.

2Empezó a entrar cada vez más gente a la sala y nadie hablaba inglés. Al final vino la cuñada de Ismail con el chador negro tapándole de pies a cabeza y no se por qué hablaba inglés y fue muy simpática conmigo. No era fácil pensar que una persona tan tapada pudiera hablar abiertamente con un extranjero pero así fue. Las conversaciones eran muy interesantes, ellos me hablaban de su cultura o de su fe en este caso y yo de la mía.

El mullah cogió su portátil de nuevo y me enseñó un vídeo de la ashura, esa ceremonia que vemos en la tele en la que sale gente latigándose la espalda y me asusté un poco, aunque estos iban todos con camiseta y no les salía nada de sangre. Me explicaron que eso era en Irak y que sólo en determinadas zonas. En Irán estaba prohibido hacerlo si se derramaba sangre. Yo miraba el vídeo y era un desfile bastante harmónico y tenía su gracia porque es como un baile.
Mahmoud, el hermano de Ismail que estaba allí presente, en cuanto me vio no paró de hacer llamadas por teléfono hablando del spaniya, y fue muy cómico cuando me pasó el teléfono y al otro lado había alguien que me dijo que si pasaba por su ciudad estaba invitado y que de verdad debería visitarles. La hospitalidad me llegaba a raudales por todos los rincones de Irán.

El último vídeo que me enseñaron antes de que llegase la cena fue el del entierro del hermano de Ismail. Salía la madre hablando y el padre hecho polvo pero muy orgullosos de su difunto hijo.

1La cena llegó y sólo cenamos los hombres, las mujeres o no cenaron o cenaron en la cocina, no lo se muy bien.
Dormimos Mohammed boger(el mullah), Mohammed Alí y yo en esa misma sala en el suelo bastante plácidamente. Al día siguiente después de desayunar había algo importante que querían que viese. Primero me regalaron un Corán tamaño Atlas que maldita la gracia que me hacía cargar más la bici, pero como para declinar la oferta…

Después me llevaron a la casa de al lado que también pertenecía a la familia y allí tenían una foto tamaño real en el patio, del difunto tío en una especie de trinchera de cartón piedra. Muy orgullosos me hicieron varias fotos para inmortalizar que un extranjero había visitado el mausoleo de su tío.

Por fin recogí y disimuladamente hice como si me dejaba el Corán en la sala. Ya avanzando con la bici, oí unos gritos de Mohammed Boger (el mullah) muy sonriente y con el Corán en la mano como si lo hubiese olvidado. Le di las gracias superficialmente y no me quedó otra que llevármelo de compañero.

4


2 Replies

Una noche en los Polígonos de Irán

1

Si me quedaba en el mismo sitio más de un día, la agenda se me llenaba de eventos, me gustase o no.

 El día había sido de lo más completo. Por la mañana fuimos a visitar a Mehdi, amigo de Abbas, mi anfitrión en Daland, que necesitaba saber cómo hacer para irse a vivir a Europa. Pues bien poco podía hacer yo desgraciadamente. En Teherán está la embajada y allí debes pedir los papeles, una vez que te los den, me llamas y yo te busco lo que sea. Esta era mi respuesta habitual ya que era bien complicado que les dieran los papeles. Si dieran los papeles a todo el que le digo cómo conseguirlos, se me junta una en Madrid que no quiero ni pensar.

   Después fuimos al río un equipo bien divertido. Abbas y sus      dos hijos: Ehsan e Imán, y Houssein, el íntimo de Abbas con su   hijo Mahmoud, el cual cada vez que quería decirme algo, me lo  decía o bien sujetándome del brazo, o bien aferrándose a mi  hombro, o bien cogiéndome de la mano.  Esto era bastante  habitual en el mundo musulmán, pero yo no me acost

3umbraba  del todo. Era una manera de mostrar su afecto y aunque  pudiera confundirse con gestos homosexuales, nada más lejos  de la realidad. No hay nada peor visto en la sociedad iraní que las relaciones homosexuales. De lo poco que sabían de España era en primer lugar: su fútbol, en segundo lugar, que los hombres se podían casar entre ellos y en tercer lugar algunos sabían de toros, de paella o de la Tomatina. El matrimonio entre hombres les parecía escandaloso y no lo podían entender de ninguna manera.

En el río pasamos un rato muy agradable los seis; Hossein, Abbas y yo charlando, y los otros tres haciéndose selfies y colgándolas en redes mientras intercambiaban gafas de sol entre ellos…

  Cocinaron brochetas de pollo en una hoguera que hicimos y  pepino en rodajas, presente en todos los rincones de este país.

irice 4

   Al regresar, Hossein me dijo que teníamos Party esa noche y    que no podía  faltar. A mí el concepto de Party en este país me  generaba por un lado  curiosidad, y por el otro rechazo.  Mezclar alcohol con gente de cultura  totalmente diferente a mí  nunca me ha funcionado. En Senegal hubo que  salir por la puerta de atrás de un bar, en Marruecos tumbamos a un guía  que contratamos en el Atlas, teniendo que guiarle nosotros a él, en vez de  él a nosotros, y una vez en Nueva York con unos rusos dicen que la monté  macarena después de beber vodka. Yo no me acuerdo de nada, como  dicen los que no quieren recordar. El alcohol aquí está prohibido pero  supongo yo que si había una fiesta, habría alcohol.

Houssein llegó puntual y de punta en blanco. Repeinado, con americana y con unas gafas doradas diferentes a las que llevaba en el río. Fuimos en su coche a las afueras de la ciudad donde había dos especies de polígonos muy iluminados. En uno entraban mujeres, y en otro hombres. Nada más entrar no me hubieran sobrado unas gafas de sol por la cantidad de luz que desprendían unas arañas bien voluminosas y que generaban un calor indecente. Aquello parecía un lugar de bodas, bautizos y comuniones de la carretera de Toledo. Mesas y mesas con sillas con lazos y flores en medio. Todas las sillas seguían plastificadas como si acabaran de salir de la tienda de muebles. Este detalle en Irán lo tienen para muchas otras cosas, como por ejemplo los coches. La mayoría de coches que quieren tener una imagen de nuevos aún llevan los plásticos en los asientos, y en alguna casa también los he visto en los sofás.

2

Nos sentamos Hossein y yo con dos amigos suyos y al momento teníamos a unos 40 hombres mirándonos. La escena imponía. Fue curioso encontrarme con el dueño de la pastelería del pueblo. La pastelería fue el primer sitio donde paré hacía dos días sin conocer a nadie. Me regalaron unas magdalenas ante mi impresentable aspecto y me indicaron dónde podía acampar. Ahora veían que había prosperado, estaba limpio y me codeaba con la élite de Daland. Mi mesa parecía la de un ministro; la gente no paraba de acercarse a presentarse y a conocer a ese chalado español que pretendía llegar a China en bici. Después de las presentaciones una de dos, o selfie conmigo o foto de grupo.

Empezó a llegar la comida y nos sirvieron un plato con un plátano, un tetrabrik de zumo de piña y un pastel de hojaldre de primero, y arrancó la música en vivo. Era para mí una situación un tanto surrealista; empezaron todos los asistentes del mismo sexo a dar palmas y a seguir la melodía de ese peculiar tambor y de esa especie de violín. La música era buena pero lo más surrealista era ver a esa jauría de hombres bailando entre ellos, dando palmas y riéndose a más no poder.

spices

Llegó el segundo plato. En una bandeja traían latas de Cocacola o Fanta de naranja volcadas, y las distribuían a granel. Si no estabas al quite, te quedabas sin tu refresco, pero de mí estaba pendiente mucha gente así que sed no pasé. De comida arroz con pollo.

A mi mesa se sentaron el Doctor del pueblo, el maestro, los pasteleros, un policía, un juez, dos agricultores y todo tipo de gente deseosa de conocerme.

No hubo alcohol por ningún sitio, tampoco mujeres, pero desde luego allí nadie se aburrió. Unos bailaron todo lo que pudieron, otros socializaron, y otros se hacían fotos con lo que era la atracción del día, el ciclista de España.

  kibr


Leave a reply

Un hasta pronto

IMG_2956

Pues sí, llegó la hora de terminar el viajazo por la Ruta de la Seda. Han sido cuatro meses inolvidables en los que sólo he tenido experiencias positivas. Unas alucinantes, y alguna que otra dura, pero de todas he aprendido y siento que he quemado esa inquietud que tanto me inquietaba (valga la…). Dicen que los que tenemos “culo de mal asiento”, o buscamos esos asientos nuevos, o nos caemos de la silla. A mí me pasaba eso. Necesitaba hacer este viaje. No huía de nada ni de nadie, simplemente buscaba conocer esas culturas que tanto me atraían y recorrer con mi querida Gerarda una ruta milenaria como es La Ruta de la Seda.

He cenado en un club de polo en Teherán con altos ejecutivos y he dormido con pastores kirguises sin más riqueza que su generosidad. No puedo decir que una experiencia sea mejor que la otra, o que me haya enriquecido más desayunar leche de yegua que huevos con bacon. Todo lo que he vivido en estos cuatro meses ha sido inolvidable y hacen de mí una persona un poquito más feliz y con un poquito más de conocimiento sobre lo que pasa ahí fuera, ahí al lado, en lugares que están muy cerca o muy lejos, según el punto de vista.

red5

Ahora que ya he vuelto a mi querida Madrid me preguntan qué es lo que más me ha gustado, qué momentos han sido más duros o qué he echado más en falta.

Después de recorrer Irán, Turkmenistán, Uzbekistan, Tajikistan, Kirguizistan y la India (este último sin bici), puedo decir que la mejor gente la he conocido en Irán. Me ha encantado romper con esos prejuicios que aquí se tienen sobre los musulmanes y sobre la Yihad. Cuánta gente habla sin decir nada, cuánta gente cree a pies juntillas lo que los medios propagan. En Irán sólo he encontrado una generosidad y una hospitalidad impresionantes para lo que estamos acostumbrados aquí. Allí no es que sea normal acoger a un extranjero, sino que es un honor. Es muy normal que te exhiban como un trofeo cuando te quedas en casa de alguien, enseñándole a todo el mundo la suerte que tienen de tenerte en su casa, como narré en el post de La Visita al Chiíta.

En Turkmenistán encontré un país cerrado a todo lo exterior, desértico y hospitalario. Considerado uno de los países más cerrados del mundo en cuanto a censura se refiere, mi experiencia fue increíble, conociendo gente que me ayudaba sin buscar nada en mí.

En Uzbekistán rompí con la soledad y encontré un compañero de viaje. Descubrí las ventajas de viajar acompañado y de compartir las experiencias. En cada lugar nuevo que conocía me acordaba de todos esos amigos que hubieran disfrutado de ese lugar tanto como yo. Viajar solo es bonito, pero si lo puedes compartir con alguien se puede convertir en el doble de bonito.

En Tajikistán descubrimos la dureza de la naturaleza, con subidas interminables, climas muy duros y un paisaje de quitar la respiración, donde nos dimos cuenta de lo vulnerables que somos ante lugares así. Conseguimos atravesar la Cordillera del Pamir, y su mítica M41, la segunda carretera más alta del mundo, vencimos al Wakhan Corridor, que dejó nuestras bicicletas para el arrastre mientras divisábamos al otro lado del río Panj la pobreza de Afghanistan.

Y Kirguizistan, ese país del que nada me informé y tanto me sorprendió. Sus montañas verdes llenas de caballos salvajes nos conquistaron y conseguimos lidiar con su gente. Nómadas con cara de pocos amigos y corazones enormes.

RED2

En India descubrí un país que no se corrompe, que sigue impasible ante la influencia de lo moderno. Mi primera visita a este país la hice hace 14 años y los únicos cambios que he visto han sido nuevos cajeros automáticos, coches de mejor gama y smartphones. Para todo lo demás, India y sus situaciones cotidianas acompañado de la mejor compañía posible.

IMG_2951

Podría escribir mucho más acerca de este viaje, pero ya estoy en Madrid, viviendo experiencias inolvidables también. Creo que lo bonito de los viajes es volver, e intentar aplicar lo aprendido en nuestro día a día, así que en ello estoy ya.

Tengo muchas ganas de veros a todos, es por ello que en Slowroom, el lugar desde donde partí, el lugar donde todo empezó, organizamos una expo de fotos sobre el viaje. Será el Jueves 17 de Septiembre y me encantará ver a todo el que pueda pasarse. Os cuidaremos con cervecita fría y bicicletas bonitas, ¿qué más se puede pedir a esta vida?