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La Ruta de la Seda

Llevo muchos años queriendo conocer Asia Central. Viajé por Turquía hace unos años y me quedé con muchas ganas de conocer Irán y los “Tanes”, así que ahora es el momento de llevar a cabo mi sueño.

Wikipedia define la Ruta de la Seda así:

“La Ruta de la Seda fue una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china desde el siglo I a.C., que se extendió por todo el continente asiático, conectando a China, con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.”

Mi idea es salir de Teherán, subir Turkmenistán, seguir hacia Uzbekistán pasando por Samarcanda, hasta llegar a Tajikistán. De ahí, subir a Kirguizistán por la Carretera del Pamir, la segunda carretera más alta del mundo (4.600m) y entrar en China para desde ahí bajar a la India. Veremos si llego! Aquí unas imágenes de por dónde quiero ir:

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Deambulando por Uzbekistán

Bukhara me enganchó. Además de ser preciosa y de estar alojado en un hotel, por fin coincidí con más gente que viajaba de la misma forma que yo.

red11Allí conocí a Bali y a Rossi, dos húngaros que lo han dejado todo para llegar hasta Nueva Zelanda en bici. Entre ellos se veía una complicidad envidiable como pareja y era muy agradable conversar con ellos escuchando sus aventuras y desventuras desde que salieron de Budapest en el mes de Marzo.

También se dejó caer por allí Marko, un esloveno muy sabio para los viajes que tenía rastas en el pelo y una sonrisa que sólo se le escapaba cuando le tocaba subir un puerto.

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Cada noche nos juntábamos para cocinar, charlar y olvidar un poco el calor que hacía. Cada uno de nosotros tenía un rol muy establecido en el grupo; Bali hacía de pinche en la cocina mientras Rossi cocinaba, Marko o yo fregábamos y red16yo intentaba mantener mi boca cerrada para no aburrir demasiado a mis nuevos compinches, pero era una tarea harto complicada. Cómo iba a mantenerme callado si ya le hablaba a mi manillar, a mis pedales y a La Gerarda (mi bici), que la tenía frita con mis canciones de después de comer. Era demasiado tiempo solo y estar con gente me hacía dar opiniones acerca de la economía mundial, del punto de sal en la pasta, o de tipos de puños de manillar para cicloturismo; daba igual, nada podía cerrar mi boca.

red13Pasamos allí cuatro días, uno más de lo normal porque Markito y yo empezamos a derrapar más de lo habitual. No es que derrapáramos con nuestras bicis..no. Derrapábamos de la tripa. Nos cayó encima una indigestión indigerible de las de “aquí y ahora”. Así que como teníamos muchos momentos de “aquí y ahora” pues mejor estar al cobijo del Hotel Djabani, donde nos cuidaban a cuerpo de buey.

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A los cuatro días salimos hacia el Este dirección Tajikistan Markito y yo. Los húngaros no querían ir a Tajikistan porque había muchas montañas, independientemente de lo alucinantes que pudieran ser. Así que chupando de mi rueda tenía a un esloveno con el que iba a estar pegado 24 horas al día para lo bueno y para lo malo. Yo sólo le veía ventajas a tener un compañero y la verdad es que nos estamos llevando de lujo. Se agradece mucho tener alguien con quien cocinar, acampar o charlar en cualquier momento.

red10Así que enfilamos hacia el Este y como siempre, a eso de las 7 de la tarde nos tocaba buscar dónde acampar. Antes de acampar solemos hacer acopio de agua para el arroz, la pasta o lo que cocinemos ese día. Así que paramos en un restaurante de carretera y nos sentamos a beber un poco de agua antes de acampar. Nada más sentarnos, vimos en la mesa de al lado un grupo de 5 hombres hablando de nosotros. Nosotros les ignoramos. No estábamos muy altos de ánimos después de hacer un porrón de kilómetros con la tripa del revés, así que no entablamos conversación con ellos. Nos bebimos el agua a sorbitos, no fuera a sentarnos mal y se nos acercó uno de los señores de la mesa de al lado.
– Vodka?- ya sólo escuchar esa palabra nos daban retortijones
– No gracias amigo, diarrea diarrea- le intentamos explicar como pudimos
– Da da, vodka good
– No amigo gracias

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Y otro de sus amigos vino con dos cuencos llenos de vodka. Mediante señas nos dijeron que el vodka mataba bacterias y que iba bien para nuestras indigestiones.
Entre el calor, el cansancio y la pereza de la conversación el último plan que queríamos hacer era beber vodka con esa gente. Además por supuesto era vodka sin hielo ni limón y servido en buena cantidad porque aquí nadie bebe en vasos. Beben en cuencos.
Qué remedio, vodka.red5
No pudo sentar mejor el brebaje. De repente la tripa se quedó quieta por primera vez en 4 días, las conversaciones empezaron a fluir de una manera espontánea sin importar la barrera del idioma, y aquellos desconocidos se convirtieron en nuestros hermanos.red3
Nos acabamos bebiendo una botella cada uno y todo lo que nos pasaba, se convertía en mágico. Nos despedimos de nuestros hermanos con verdadera pena y buscamos dónde dormir por allí cerca, no estábamos como para coger una bicicleta de 55 kg en ese estado.

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Así que en el primer claro que encontramos, plantamos las tiendas de campaña y caímos fritos.

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Al día siguiente nos despertamos y todo fueron disgustos. A Marko se le pinchó el colchón y había dormido en el suelo directamente, y a míred7 se me había agujereado el suelo de la tienda. Haciendo memoria conseguí acordarme de que movimos mi tienda de un sitio a otro ya montada, y de que la arrastramos con todo dentro porque había como cardos. Así que yo conseguí que no se me pinchara el colchón por los cardos, pero agujereé mi tienda, jugada maestra. No sé quién de los dos salió peor parado, pero desde luego fue una divertida manera de empezar nuestro periplo. Estaba claro que estos contratiempos al final lo único que generan es más risas y más bromas.

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red9Ahora ya nos encontramos cerca de Tajikistan. Hemos estado recorriendo el sur de Uzbekistan. Hemos atravesado unos desiertos de quitar la respiración, no sólo por el paisaje, sino por la dureza del calor y de algunos puertos que hemos tenido que subir. La experiencia ha sido alucinante porque hemos recorrido una zona muy poco explorada de Uzbekistán, y la acogida de la gente ha sido impresionante. Gente montada en burros que nos paraba para darnos fruta recién cosechada, sonrisas de todo el que encontrábamos, y algún que otro encuentro más regado de vodka local.

Una vez más, nos despedimos de un país que sólo nos ha traído experiencias, gentes y recuerdos imborrables.

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Un hasta pronto

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Pues sí, llegó la hora de terminar el viajazo por la Ruta de la Seda. Han sido cuatro meses inolvidables en los que sólo he tenido experiencias positivas. Unas alucinantes, y alguna que otra dura, pero de todas he aprendido y siento que he quemado esa inquietud que tanto me inquietaba (valga la…). Dicen que los que tenemos “culo de mal asiento”, o buscamos esos asientos nuevos, o nos caemos de la silla. A mí me pasaba eso. Necesitaba hacer este viaje. No huía de nada ni de nadie, simplemente buscaba conocer esas culturas que tanto me atraían y recorrer con mi querida Gerarda una ruta milenaria como es La Ruta de la Seda.

He cenado en un club de polo en Teherán con altos ejecutivos y he dormido con pastores kirguises sin más riqueza que su generosidad. No puedo decir que una experiencia sea mejor que la otra, o que me haya enriquecido más desayunar leche de yegua que huevos con bacon. Todo lo que he vivido en estos cuatro meses ha sido inolvidable y hacen de mí una persona un poquito más feliz y con un poquito más de conocimiento sobre lo que pasa ahí fuera, ahí al lado, en lugares que están muy cerca o muy lejos, según el punto de vista.

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Ahora que ya he vuelto a mi querida Madrid me preguntan qué es lo que más me ha gustado, qué momentos han sido más duros o qué he echado más en falta.

Después de recorrer Irán, Turkmenistán, Uzbekistan, Tajikistan, Kirguizistan y la India (este último sin bici), puedo decir que la mejor gente la he conocido en Irán. Me ha encantado romper con esos prejuicios que aquí se tienen sobre los musulmanes y sobre la Yihad. Cuánta gente habla sin decir nada, cuánta gente cree a pies juntillas lo que los medios propagan. En Irán sólo he encontrado una generosidad y una hospitalidad impresionantes para lo que estamos acostumbrados aquí. Allí no es que sea normal acoger a un extranjero, sino que es un honor. Es muy normal que te exhiban como un trofeo cuando te quedas en casa de alguien, enseñándole a todo el mundo la suerte que tienen de tenerte en su casa, como narré en el post de La Visita al Chiíta.

En Turkmenistán encontré un país cerrado a todo lo exterior, desértico y hospitalario. Considerado uno de los países más cerrados del mundo en cuanto a censura se refiere, mi experiencia fue increíble, conociendo gente que me ayudaba sin buscar nada en mí.

En Uzbekistán rompí con la soledad y encontré un compañero de viaje. Descubrí las ventajas de viajar acompañado y de compartir las experiencias. En cada lugar nuevo que conocía me acordaba de todos esos amigos que hubieran disfrutado de ese lugar tanto como yo. Viajar solo es bonito, pero si lo puedes compartir con alguien se puede convertir en el doble de bonito.

En Tajikistán descubrimos la dureza de la naturaleza, con subidas interminables, climas muy duros y un paisaje de quitar la respiración, donde nos dimos cuenta de lo vulnerables que somos ante lugares así. Conseguimos atravesar la Cordillera del Pamir, y su mítica M41, la segunda carretera más alta del mundo, vencimos al Wakhan Corridor, que dejó nuestras bicicletas para el arrastre mientras divisábamos al otro lado del río Panj la pobreza de Afghanistan.

Y Kirguizistan, ese país del que nada me informé y tanto me sorprendió. Sus montañas verdes llenas de caballos salvajes nos conquistaron y conseguimos lidiar con su gente. Nómadas con cara de pocos amigos y corazones enormes.

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En India descubrí un país que no se corrompe, que sigue impasible ante la influencia de lo moderno. Mi primera visita a este país la hice hace 14 años y los únicos cambios que he visto han sido nuevos cajeros automáticos, coches de mejor gama y smartphones. Para todo lo demás, India y sus situaciones cotidianas acompañado de la mejor compañía posible.

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Podría escribir mucho más acerca de este viaje, pero ya estoy en Madrid, viviendo experiencias inolvidables también. Creo que lo bonito de los viajes es volver, e intentar aplicar lo aprendido en nuestro día a día, así que en ello estoy ya.

Tengo muchas ganas de veros a todos, es por ello que en Slowroom, el lugar desde donde partí, el lugar donde todo empezó, organizamos una expo de fotos sobre el viaje. Será el Jueves 17 de Septiembre y me encantará ver a todo el que pueda pasarse. Os cuidaremos con cervecita fría y bicicletas bonitas, ¿qué más se puede pedir a esta vida?