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2 Cycle Africa

Un año más cojo mi bici para conocer nuevas culturas. Esta vez será Africa el destino elegido y los países que recorreremos serán Uganda, Ruanda, Tanzania, Malawi, Zambia, Namibia y Sudáfrica. Digo recorreremos porque después de muchos años pedaleando solo, por fin he conseguido a alguien que me acompañe. Mi compañera de viaje y de vida, Lucía (Magnífica para los que la queremos), será con quien realice este periplo. Si digo que estoy contento es poco, así que voy a arrancar con nuestra primera crónica de nuestra llegada a Uganda.

Sería un absurdo pero me encantaría que toda esta gente llevase su pasaporte entre los dientes. Gente tan variada y vestida de tantas formas diferentes hacía que mi curiosidad llegase hasta rincones de todas partes del mundo queriendo conocer sus orígenes y culturas tan diferentes. Al lado de la mezquita se amontonaban mujeres negras sentadas en el suelo compartiendo huevos duros y una comida indescifrable para mí. Sus maridos las observaban de pie pidiendo algún bocado pero ellas sólo compartían sus manjares con sus hijos. Hombres negros con sombrero de cowboy o barbudos con túnicas blancas también frecuentaban la terminal 2 del aeropuerto de Addis Abeba.

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Este aeropuerto era nuestra última escala antes de llegar a Uganda y se podía ver gente de toda África allí reunida. Si pudiera, me habría sentado con cada uno de ellos para saber de dónde vienen y cómo están las cosas en sus países.
Uganda era nuestro destino final para empezar un periplo en bici que nos llevará a Ciudad del Cabo pasando por Uganda, Ruanda, Tanzania, Malawi, Zambia, Namibia y Sudáfrica.
Uganda es un país que está creciendo y en el que se denota cierta prosperidad. El aeropuerto no es tan caótico como otros de este continente en los que he aterrizado, y el visado te lo dan policías encantadores en tan solo media hora después de aterrizar.
El primer test del viaje, la llegada de nuestras bicis, no se superó, y después de buscarlas por todo el aeropuerto nos confirmaron que no estaban en nuestro avión. Ya hechos los trámites salimos del aeropuerto y descubrimos un lugar maravilloso en el que todo el mundo no sólo saluda, sino que saluda con una sonrisa, algo que no puede hacernos sentir más a gusto.

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Por la tarde, nos acercamos al centro en un mototaxi que aquí llaman boda boda a comprarnos una tarjeta SIM. La tienda donde compramos la tarjeta era de lo más peculiar. Al igual que en casi todos los países africanos, los contenedores se aprovechan para vivir dentro, o sobre todo para convertirlos en negocios. Este contenedor albergaba dos tiendas de telefonía divididas por un biombo pero cada una tenía su respectivo cartel de la compañía. En un lado estaba Dorothy con una amiga despachando a cualquiera interesado en MTN, y en el otro estaban dos chicas más jóvenes y más familiarizadas con la tecnología despachando a cualquiera interesado en Airtel, que aquí todavía no se ha convertido en Vodafone como en España.
Nos acercamos a preguntar a Dorothy por las tarifas de datos y al preguntarle, oí un ruido extraño en el suelo del container. Algo descarado me asomé dentro para ver lo que era y mis sospechas se confirmaron. Un comestible y regordete bebé estaba en el suelo tumbado en una manta. No se quejaba ni su esquina le parecía mal. Nos recordó a esas madres primerizas que van por el Retiro y en cuanto sopla una brizna de aire ya están llevando a sus hijos al Gregorio Marañón, no vaya a ser que hayan cogido “algo”. La honrada de Dorothy nos dijo que para tarifas mejores de internet acudiéramos a sus vecinas de container. Eso hicimos y nos despedimos acaloradamente de todas las trabajadoras de las compañías de telefonía, y de su bebé, que yacía feliz en el suelo.

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Al día siguiente tuvimos un día de peleas para localizar nuestras bicis. Tocaba discutir pero aquí las discusiones siempre llegan a buen puerto. Después de gritarme con el director de la oficina de nuestra compañía aérea, acabamos hablando de la situación ugandesa y de los cultivos de eucaliptos que este señor tiene y que pronto le retirarán gracias a los beneficios que está obteniendo de una tierra tan fértil como ésta.

En el vuelo de las 17.40 llegaron nuestras monturas y, si todo va bien, hoy partimos hacia las Ssese Islands, un paraíso de islas ubicadas en pleno Lago Victoria.


Encuentros y desencuentros

Zambia está en elecciones y el ambiente es o bien festivo, o bien tenso. Por primera vez han autorizado a los observadores electorales de la ONU supervisar el proceso y pinta limpio. Hay caravanas de gente vestidas de rojo por todas las ciudades haciendo propaganda sobre el opositor y caravanas de gente vestida de verde haciendo propaganda sobre “his excellency, the president of Zambia”. Esas caravanas nos asustan y cada vez que las vemos venir entramos en algún bar o restaurante. En ellas casi siempre suele entrar alguien del partido contrario y se ven buenas trifulcas. Incluso vemos a dos mujeres a puño limpio en plena calle.

El país cuenta cuenta con un desarrollo que nos es totalmente nuevo. Vemos anuncios de inmobiliarias; en las ciudades, la gente tiene a los perros como mascotas y no como animales de granja, y es muy común ver a cualquier zambiano tan exhorto en su smartphone como cualquier persona en el metro de Madrid.

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Inmobiliarias, un negocio que no habíamos visto antes

Entrar en Lusaka, la capital de Zambia, es confuso. Nos pasamos un rato recorriendo sus calles hasta llegar al hostel muy desconcertados; parece que África ya se termina. Coches de gama alta ocupanimage sus anchas avenidas y los centros comerciales se encuentran cada dos esquinas. Hay supermercados,cines, restaurantes de cualquier parte del mundo, luces por todas partes, pizzerías en gasolineras, bancos y una frenética vida urbana. Una vida urbana que nos defrauda por completo. ¿Dónde están esos puestos de fruta en la calle? ¿Dónde están las miles de bicicletas que circulan por las carreteras? ¿Qué fue de esas tenues luces de tiendas de ultramarinos? Es culpa nuestra, no nos hemos documentado bien y pensamos que Zambia va a suponer otro país africano lleno de encantos. No digo que no tenga encantos Zambia, pero nos va a costar encontrarlos.

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Uno de los pocos ciclistas con los que nos cruzamos

Salir de Lusaka es como salir de Madrid. Hay unos barrios colindantes, una autopista que te lleva a otro barrio, después llegas a nuevos municipios atravesando fábricas y centros comerciales, y por fin, después de recorrer unos 40 km, ya podemos afirmar que salimos de Lusaka. Por lo menos el arcén es ancho y los miles de camiones que nos adelantan lo hacen a cierta distancia.

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Una vez acabada nuestra huida de la capital, nos adentramos en la Zambia rural rumbo oeste, hacia Namibia. Desde que empezamos nuestro viaje en Uganda, hace ya casi 3 meses, casi nunca hemos tenido que planear dónde dormir en los cuatro países que llevamos recorridos. Cuando estamos cansados o vemos que se avecina la noche, buscamos cobijo en el pueblo por el que estamos pasando. En este continente lo que no falta es gente y sus respectivos asentamientos, pero en Zambia las distancias son mucho mayores que antes y pecamos de confiados. imageLa carretera atraviesa hectáreas de ranchos privados, siendo difícil encontrar donde acampar. Después de un día de arduo pedaleo preguntamos a unos locales que vemos en un bar de carretera. Nos dicen que no hay nada y que preguntemos en la comisaría a ver si es posible hacer noche ahí.

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El alcohol, presente hasta en el pueblo más recóndito

Esa opción no nos convence y en el siguiente rancho por el que pasamos preguntamos a los trabajadores si hay posibilidad de acampar en el poblado donde ellos viven. La respuesta es afirmativa y allí nos quedamos, pero dormir al lado de una carretera nunca es agradable. Así se nos plantea Zambia en un comienzo, así que nos toca planificar más los días para no pernoctar en el arcén de la carretera nacional.

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Uno de los ranchos donde dormimos

Una vez que le cogemos el tranquillo a cómo atravesar este país, encontramos sus encantos. Su gente es muy alegre, viva y muy curiosa por saber qué pasa en ese país donde viven los dos ciclistas que están imageconociendo. En los pueblos seguimos encontrando cobijo en los colegios y el desarrollo nos trae ciertas ventajas. Aunque hacer la compra en mercados callejeros tenga mucho encanto, un supermercado es un negocio de lo más cómodo que hay. Tienen helado, chocolate; de repente encuentras fiambre, tuppers para guardar comida o grasa para la cadena de la bici. Nos sentimos como Paco Martínez Soria en el Corte Inglés de la Castellana al ver tanta diversidad de productos en el mismo lugar. Hasta ahora para encontrar grasa de la bici tenemos que buscar una ferretería en el barrio de las ferreterías, para encontrar carne hay que buscar una carnicería en su respectivo barrio, para comprar fruta tenemos que ir a la zona del mercado donde venden fruta, y para encontrar helado sólo podías imaginártelo en sueños, entre nubes que vuelan. Ahora tenemos todo al alcance de nuestras manos, todo en el mismo lugar.

imageLlevamos 3 meses de viaje y estamos en nuestro quinto país. En un continente donde hay animales salvajes de todo tipo, nosotros no encontramos ni uno salvo los chimpancés que vimos en Uganda, algo que nos supuso una experiencia inolvidable. ¿Dónde andarán esos leones asesinos, esos elefantes pisahombres o esas serpientes que con la mirada te mandan a otro barrio?
En pocos días llegamos a Livingstone y gracias a Abus, nuestro nuevo patrocinador, contamos con unos fantásticos candados. El envío tardaun poco más de lo esperado y nos quedamos allí varios días, así que un día nos levantamos con el ansia de encontrar elefantes. Sabemos, por lo que nos han dicho, que están ahí al lado. Sabemos que suelen pasar por el camino que va a las cataratas Victoria, así que a las 6AM y helados de frío pedaleamos hasta esa zona.

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Las majestuosas cataratas Victoria

Nos perdemos por caminos y sendas pero sólo localizamos sus enormes huellas. “Pasaron ayer por aquí, pero ya no están”, nos informan.image
Decepcionados y adormilados volvemos a casa sin haber visto nada. Pasamos el día poniendo a punto nuestras respectivas bicicletas Genesis, apodadas “El Torete” la bici de Magnífica y “La Gerarda”, mi querida compañera.

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Hacemos un nuevo intento por la tarde. Cogemos la misma carretera hacia las cataratas y en el camino alguien nos dice que nos demos prisa, que acaban de ver una familia de 12. Pedaleamos como perseguidos por la policía y al llegar a un puente que cruza un río, allí están. imageNuestra emoción es enorme, se bañan en el río y con la trompa se duchan, igual que en la televisión pero delante de nuestros ojos y sin tener que pagar un prohibitivo safari. Es maravilloso poder verlos en su esencia. image

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El elefante con el que tuvimos el encontronazo

Poco a poco se mueven y avanzan hacia la carretera donde estamos, así que es mejor salir de allí. Monto en mi bici y detrás de mí va Magnífica. Justo pasa por allí un camión, así que me coloco a su lado para que me proteja; en el otro lado está el elefante. Nada más empezar a avanzar en paralelo con el camión y sin saber por qué, el conductor se detiene. Yo me asomo por delante del camión y veo al enorme animal al otro lado avanzando hacia la carretera pero a una distancia prudencial, así que pedaleo fuerte y avanzo hasta una zona lejana al elefante pensando que Magnífica me sigue de cerca. Negativo. Ella se confunde y piensa que no voy a cruzar así que de repente se lo encuentra mucho más cerca que yo. El corazón se me para y le grito que corra. Así lo hace y por suerte el animal ha reculado y no viene. Fue un susto tremendo, pero por fin vemos elefantes.

De aquí avanzamos hacia Botswana, un país que no estaba en nuestro plan de viaje, pero para llegar a Namibia desde Zambia se acorta por allí y no tenemos que pagar visado, así que perfecto. Botswana, nos vemos en dos días.

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Ugali, nshima o pap. Una masa hecha con harina de maíz que llevamos comiendo desde Uganda.

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Campañas contra el Sida están en todas partes

Casas zambianas de adobe y paja

Casas zambianas de adobe y paja

Niños zambianos con sus juguetes

Niños zambianos con sus juguetes

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Por cierto, a día de hoy nos enteramos de que finalmente Edgar Lungu vuelve a proclamarse presidente de Zambia en un proceso nada limpio. Entre otras cosas han encontrado un camión que viene de Botswana lleno de votos a favor del presidente.


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2 Cycle Africa. Conclusiones

No es momento de echar nada de menos, sino más bien lo contrario. Hemos aprendido mucho en este viaje y aunque cueste adaptarse a la vuelta, tenemos que saber aplicar lo que hemos aprendido a nuestro día a día. Cosas que antes eran de una importancia crucial en nuestras vidas, van a dejar de serlo. Toda esa gente con la que hemos convivido estará en nuestra memoria siempre, aunque no vayamos a verles nunca más, y esas palabras que tanto significaron para nosotros, las intentaremos aplicar cada día.

Una paradita en el camino. Malawi

Una paradita en el camino. Malawi

Hemos vuelto a casa y el ritmo de aquí no tiene nada que ver con el de allí. Aquí se le da demasiada importancia a muchas cosas que en el fondo no la tienen. Miles de cosas pueden suponer un desastre, una tragedia o mejor dicho, un fracaso, pero en realidad nada es realmente grave.

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Niños ruandeses locos con ver la pantalla de la cámara

Hemos aprendido que vivir son dos días y que no se necesita casi nada para ser feliz. Nosotros lo hemos sido con casi nada de ropa, una bici y material de camping. No podemos vivir así siempre, nuestro sitio no es ése, pero intentaremos aplicar lo que hemos vivido. Esos recuerdos quedan en la memoria para siempre y cada vez que nos invada una sensación de desesperación, tragedia o fracaso intentaremos acordarnos de la gente que hemos conocido y de cómo afrontarían esa situación.

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El mestizaje de Zanzíbar

Esas lecciones de vida que te da viajar son inolvidables y eternas. Aprendemos a vivir con lo puesto, a querer sin interés, a vivir como uno quiere y no como a uno le imponen, y rápidamente nos damos cuenta del regalo que es estar en esta vida.

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Descansando en el Lago Bunyonyi, Uganda

Hemos convivido con todo tipo de gente y situación social. Todos nos han echado una mano porque viajábamos en bicicleta. Todos nos han puesto al alcance de nuestras manos un plato de comida, una cama o una conexión wifi sin interesarles el dinero que llevábamos encima. Consideraron que nos lo merecíamos por viajar como lo hemos hecho.

En África la mayoría de gente vive al día, sin preocuparles demasiado el qué pasará mañana. En una sociedad como la nuestra vivir así es impensable, pero tiene muchas ventajas. No digo que quiera vivir sin saber qué haré mañana, admito que me generaría inquietud, pero desde luego he de decir que tiene sus beneficios.

Reconozco que tengo cierta debilidad hacia el continente africano y después de conocer Sudáfrica, el decimoséptimo país africano que visito, creo que todavía me quedan muchos lugares de África donde pedalear. Una vez más, me cuesta destacar el país que más me ha gustado de este viaje. La salida del aeropuerto de Entebbé, en Uganda, supuso el inicio de un sueño y la llegada a Ciudad del Cabo, ese sueño hecho realidad. Me emociono al mirar un mapa y ver lo que hemos hecho.

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Lion´s Head Mountain, en Ciudad del Cabo

Cada día nos llenábamos la cabeza de cientos de experiencias nuevas, todas ellas tan fuertes que cuando te acordabas de las experiencias del día anterior, parecía que había pasado un año o dos. Es tanta la gente que hemos conocido y que nos ha tratado bien que cuando echamos la vista atrás pensamos que sin ellos este viaje habría sido imposible. Esa señora que nos indica el camino a seguir, ese señor que nos da agua parando su coche en medio de un desierto, esa profesora que mata una gallina para que comamos porque necesitamos energía para el día de mañana, esos niños que nos regalan incontables sonrisas, esos ancianos y sus sabios consejos, esos policías que nos advierten, esos jóvenes que nos saludan y, cómo no, esos comerciantes que nos intentan sacar un dinerillo extra en nuestras compras. Todos han sido imprescindibles en cada uno de los 8 países que hemos recorrido.

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Uno de los desiertos que cruzamos, Tanzania

Hemos vivido situaciones de todo tipo, arriesgando bastante según se mire, pero ahora las recordamos y serán historias para toda la vida, de las que no nos arrepentimos, sino más bien nos alegramos.

Llegamos a integrarnos tanto en la cultura africana que cuando conocíamos a occidentales viajando con sus mochilas, alardeando de lo auténtico de sus viajes y del poco dinero que gastaban, nos suponía sentir cierto rechazo y abrazábamos más la cultura local que la nuestra.

Llegada a las Cataratas Victoria, Zambia

Llegada a las Cataratas Victoria, Zambia

Ha sido mi primer viaje en bicicleta acompañado de alguien, y ha sido el viaje de mi vida. Magnífica me ha enseñado mucho en este viaje y vivir lo vivido entre dos es dos veces mejor, por lo menos. Antes siempre que vivía una situación bonita o disfrutaba de un lugar, me faltaba alguien con quien compartirlo. En este viaje lo hemos hecho posible y ha sido alucinante. Las cosas vividas por dos valen más del doble.

Con respecto a los países que hemos recorrido, insisto que no sé destacar el que más me ha gustado, pero de ellos puedo decir que Uganda me supuso el reencuentro con un continente que amo y en el que tuvimos situaciones maravillosas en el Lago Victoria y en su interior. Ruanda es un país que está muy cerca del desarrollo después de lo que ha sufrido por su genocidio de 1994. Ya quisieran muchas sociedades una convivencia como la que tienen ellos, después de lo que han sufrido. Se acabaron las castas y las razas, todos son iguales y el país no hace más que crecer en desarrollo.

En Tanzania, el turismo y la cooperación han hecho mucho daño. En algunos casos nos hicieron sentir que por ser blancos teníamos que pagar el doble de lo estipulado y a veces se generaron situaciones tensas. La culpa no es de ellos, sino más bien nuestra. Si cada vez que un turista visita Tanzania y entrega dinero a sus habitantes sin buscar nada a cambio, ellos van a pensar que todos los blancos somos así. Cada vez que vemos una carretera bien asfaltada, un hospital, una escuela o un puente se ve un cartel de “Cortesía de la Unión Europea”, “Donado por USAid”, “Cedido por el gobierno de Japón”, etc. Allí parece que los blancos sólo vamos a dar dinero. En materia de cooperación hemos visto muchas taras en todos los países que hemos recorrido. Qué gran error es intentar imponer una cultura que no es la de otro.

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Mercado en Moshi, Tanzania

Malawi nos conquistó nada más cruzar sus fronteras. Vimos una gran diferencia de pobreza con respecto a los otros países, nos costaba encontrar comida que no fuesen tomates o huevos, la gente desborda amabilidad. Su lago hace del país un lugar paradisiaco con playas preciosas y pescado delicioso.

En Zambia llegó el desarrollo y empezamos a ver ciudades con cines, centros comerciales y hamburgueserías, pero en cuanto salimos de sus metrópolis vimos un país muy auténtico con gente muy acogedora. Vivimos alguna situación incómoda, ya que atravesamos el país en plenas elecciones, pero eso lo hizo aún más interesante. Encontramos gente muy bromista y dicharachera, especialmente las mujeres.

Namibia es un país de contrastes y que puede dividirse en dos. La parte africana y la parte sudafricana. El norte de Namibia es totalmente “africano”; aldeas con casas de adobe y tejado de paja y tribus que cantan con tambores, pero a medida que bajamos descubrimos ciudades pseudo alemanas llenas de blancos que dominan los negocios y el poder.

Sudáfrica nos sorprendió muy gratamente. Nos avisaron de lo peligroso del país, pero no encontramos situaciones peligrosas salvo cuando, por equivocación, nos metimos con las bicis en una autovía de peaje. Recorrimos el país en plena primavera y era precioso pedalear sus carreteras rodeados de flores de mil colores. Además Ciudad del Cabo es una ciudad impresionante y en la que nos hubiera encantado quedarnos más tiempo.

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Sudáfrica en primavera

Me gustaría acabar esta crónica recordando que hacemos una expo de fotos sobre nuestro periplo donde siempre empiezan nuestros periplos, en Slowroom. Enseñaremos fotos de cada uno de los países que hemos visitado, y podremos disfrutar de un delicioso vermut Zecchini y cervecitas.