Traficantes de armatostes

Creo que muchos índices de desarrollo de un país se aplican egoístamente, y eso es lo que hacemos nosotros. Aimagel pasarnos el día pedaleando, nuestros indicadores de desarrollo serán la anchura del arcén de las carreteras por las que vamos y la temperatura de las cocacolas en las tiendas. Valorado de esta manera y por orden de países recorridos, podemos afirmar que Uganda es un país con un nivel de desarrollo bajo, Ruanda tiene los indicadores más altos y Tanzania un desarrollo medio. Medir el nivel de desarrollo de Malawi nos resulta complicado porque aunque las carreteras estén rasgadas y no tengan arcén, apenas circulan coches y nos cuesta más que en otros países encontrar refrescos.

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Siendo éste el país más pobre que vamos a visitar, podemos decir sin duda que es de los que mejor nos tratan.
Cruzamos la frontera entre Tanzania y Malawi en 30 minutos y nada más entrar hacemos el procedimiento habitualimage de cambiar dinero. Nos da la risa al conocer el nombre de la moneda de este país: la Kwacha, nos suena a guasa. Empezamos a pedalear con la cartera llena de billetes, no por nuestra boyante economía, sino por la inflación de este país. Pronto nos encontramos con una carretera en mal estado pero atestada de gente que camina de un sitio a otro y nos saluda efusivamente. El tráfico de bicicletas es altísimo también por aquí y el de coches muy escaso. Si a ello le añadimos que avanzamos por una carretera que va pegada al Lago Malawi, que parece el mar, donde hay playas preciosas y un agua cristalina, muy poco más le podemos pedir a la vida. Cuando nos cansamos, nos damos un baño en el lago y cuando nos cansamos de nadar, volvemos a nuestras bicis.

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Cada persona que conocemos nos intenta ayudar y no resulta difícil encontrar sitios para dormir.
Se nota bastante la escasez y la pobreza. En Tanzania podíamos escoger si desayunar mangos, papayas, plátanos, sandía, piña o caras manzanas. Aquí la única fruta que encontramos es el plátano. Donde antes podíamos escogerimage para nuestras ensaladas entre deliciosos aguacates, lechugas, acelgas, cebollas, tomates o berenjenas, ahora sólo podemos elegir tomates. No es grave ya que tantas horas al pedal dan para mucha imaginación y pronto sacamos nuevos platos con el tomate como ingrediente principal. Así, en una cocina minúscula de gasolina que nos acompaña en todos nuestros viajes cicloturistas, somos capaces de cocinar espaguetis a la boloñesa, arroz a la cubana, ensalada de tomate y ajo, pan tumaca, pasta a la amatriciana y algún que otro plato más, siempre con el tomate como actor principal.

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Las playas del Lago Malawi

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Cuando encontramos un lugar que nos gusta y nos dan alojamiento económico, como es Nkhata Bay, nos cuestamucho emprender la ruta de nuevo. Los gintonics los venden a 1€, el lago lo tenemos a 20 metros de nuestra tienda de campaña, los pescadores nos traen pescado fresco cada día hasta la orilla y existe una atmósfera mochilera con gente de cualquier zona del mundo, que nos hace quedarnos aquí más de lo planeado.

Si de algo huimos en este viaje es de la prisa, así que si hay que pasar un día más en la playa con un gintonic peleón, se pasa.

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Nkhata Bay

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Regateando el pescado del día

Una vez que conseguimos salir, dejamos la zona del lago atrás y el paisaje es de lo más variado. Nos encontramos con verdes colinas con ríos y gente con poquísimo contacto exterior, o sabanas con animales salvajes y peligrosos que no conseguimos ver.

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Parada en un río

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Menos mal que nos la encontramos muerta



Nada más salir de Nkhata Bay, uno de nuestros anfitriones más peculiares es Mr. Wilson. Después de un precioso día pedaleando por bosques de alcornoques, toca buscar dónde pernoctar. Paramos en el primer pueblo y pedimos cobijo a un señor en el colegio, como es habitual. Nos dice que no está el director, pero que podemos dormir en su casa. Se nos presenta como Mr. Wilson y pronto llama a su familia y amigos para mostrar a quién hospeda esa noche.

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Los bosques de alcornoques de Malawi

La entrada de la casa está atestada de gente y nos sentimos algo incómodos ya que nos dice que vamos a dormir en la sala de estar, en los sofás. La idea no nos convence por tres motivos: es demasiado invasivo dormir en la sala de estar de una familia de 7 personas, no tenemos cómo poner la tienda en ese salón y los mosquitos nos pueden devorar. No hemos visto el salón todavía, así que allí nos dirigimos en procesión hacia la casa en el siguiente orden: Mr. Wilson delante, yo y la Gerarda detrás, Magnífica y su torete después y una fila de unos 20 niños que nos persiguen estupefactos vayamos donde vayamos.

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Nos salen espectadores hagamos lo que hagamos. Aquí filtrando agua

Así que Mr. Wilson nos muestra dónde vamos a pasar la noche y tardo unos segundos en reaccionar. El salón de la casa cuenta con 5 televisores y unos 7 altavoces, todos colocados en el mismo mueble. Aquello parece la portada de un disco de música electrónica. Le pregunto a Mr. Wilson y me dice que vive en Johanesburgo y siempre que puede compra algún aparato allí que luego venderá en Malawi más caro. Teniendo en cuenta que en Malawi no hay tiendas de electrodomésticos más que en la capital, estoy seguro de que Mr. Wilson saca pingües beneficios con el negocio que ha ideado. Lo más curioso es que en la casa no hay electricidad. La única corriente que obtienen es mediante dos paneles solares que hay en el tejado. Así, si han tenido un día de mucho sol, podrán ver el fútbol en pantalla de 40 pulgadas; si en cambio ha habido nubes, lo verán en la de 15. Además de ello, tener tantos aparatos en el salón de su casa le sube el status dos o tres escalones. Conseguimos hacer un hueco y plantamos la tienda entre los sofás.

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El salón de Mr. Wilson

Seguimos unos días más con situaciones de lo más variopintas hasta darnos cuenta de que Malawi es, sin duda, uno de nuestros países preferidos de África. Ahora nos encontramos ya en Zambia, hemos entrado en la segunda fase del viaje y nos queda recorrer este país, Namibia y Sudáfrica para terminar. Seguimos tan contentos como el primer día y nuestros ánimos siguen altísimos de descubrir nuevas culturas y sobretodo, nuevas gentes.

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Los mil paisajes de Malawi

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Dos pistolas y una baguette por favor

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Camping en el lago